Relatos vitales
Como las flores que florecen en lugares inesperados, cada historia se despliega con belleza y resistencia, revelando maravillas ocultas.
Comite Organizador

Abel Novoa
Soy médico de familia desde el siglo pasado e interesado por la bioética y la filosofía médica. He sido médico hospitalario y de atención primaria, gestor, diseñado políticas de fomento del conocimiento biomédico, así como participante activo en organizaciones de la sociedad civil y asociaciones científicas.
Melómano (la escucho mejor que la interpreto) y, ahora, nadador en las aguas abiertas de Cabo de Palos. Sigo a flote.

Ana M.ª Uriarte
Soy Ana Uriarte, trabajadora social en los equipos de valoración y orientación a la dependencia en Bizkaia. No fue posible ser trabajadora social de atención primaria, el territorio histórico cuenta con 4 trabajadoras sociales y media en este nivel asistencial, las personas usuarias del centro de salud conocen escasamente la figura.
Las visitas que realizamos los equipos domiciliarios son conjuntas, ámbitos social y sanitario, acudo con un perfil médico o de la psicología, establecido por decreto. Son nuestros anfitriones personas en situaciones de dependencia, y / o con discapacidad, cuidadas y cuidadoras, ecosistemas familiares como los denomina la administración. Debido a que las personas solicitantes nos llaman, tras las visitas iniciales, para revisiones; o acudimos por provisionalidades médicas o sociales, urgencias, seguimientos o cambios de planes individuales de atención, estamos acompañando a estos ecosistemas a lo largo de un cierto fragmento de su travesía. Visitamos en domicilio, pensión, habitación subarrendada; hospital de agudos, hospital psiquiátrico, residencia, albergue, en ocasiones en la calle.
La Ana Uriarte persona usuaria del centro de salud vivió relaciones familiares significativas con sus profesionales asignados. En los cuidados de larga duración de los progenitores tuvimos nuestro MAP longitudinal, en consulta y al encontrarnos paseando; nuestra enfermera, en consulta, en domicilio y en conversaciones de calle también. Formaron parte de nuestra vida doméstica como acompañantes de puertas adentro en el mantenimiento de rutinas, autocuidados, urgencias, deliberaciones sobre especialistas, pruebas diagnósticas, bienvenidas al regresar del hospital, sustos y reingresos: forman parte de una biografía familiar.
No detecto interés por la atención primaria de salud ni inquietud en mi entorno laboral, profesional ni relacional.
De entre mis hijos, el mayor, independizado, ya mantiene un vínculo propio con su médico de atención primaria que le guía, desde primaria, en hospital, urgencias y seguimientos en la distancia corta.

Elena Serrano
Desde que me marché de la casa familiar en Siles, un pueblo del Sur de España, a los 17 años he vivido en diferentes lugares de aquí y de allá. Me acompaña la curiosidad por las miradas que muestran la fotografía, el cine o la literatura y he intentado escribir, con más o menos constancia, sobre aquello que me ha interpelado en el día a día de la consulta y fuera de ella a en https://elenaserrano.wordpress.com/.
El año 2016 tuve la oportunidad de comenzar una experiencia con el grupo de investigación cualitativa (Kuxkuxeroak, curiosxs en vasco), surgido del SIAP sobre consultas sagradas celebrado en Bilbao ese mismo año, y donde aprendimos a investigar desde la circularidad que ofrecer y de la práctica a la teoría y viceversa, con una mezcla heterogénea de profesionales con diversas experiencias en lo clínico y en la investigación. Nos empujó el interés por explorar más sobre la complejidad de una atención sanitaria impregnada por lo humano, requiriendo la práctica de una reflexividad crítica. Indagamos sobre las “consultas sagradas”, aquellas en las que afloran las emociones y, dado que la atención médica en nuestros tiempos tiende a definirse en términos predominantemente biológicos y técnico-científicos, pueden quedar comprometidas la riqueza narrativa expresada por las personas. Es la realidad que nos rodea, una medicina basada en pruebas que parece ser insuficiente para el cuidado de las personas que atendemos en los encuentros clínicos. La pandemia COVID y todo lo que implicó en los cambios de hábitos y vínculos me hizo reconocer cuán importante ha sido este grupo a nivel personal y profesional y, aunque el grupo ya no continúa trabajando, ando en la búsqueda de un modo de poder seguir reflexionando sobre la práctica y poderlo compartir a través de investigaciones.
En mayo de 2022, con motivo de la resolución de unas oposiciones realizadas cuatro años atrás, inicié también un proceso de cambio: ahora consigo tener una perspectiva en la consulta de continuidad y, aunque no lo había imaginado así, de ilusión por poder tener el sentido de pertenencia a una comunidad, a un equipo y a una consulta… con orientación más o menos primarista, según las posibilidades. He dejado de escuchar en la consulta «¿Vas a ser nuestra médica?, ¿Se quedará ya aquí?». La experiencia me ha hecho descubrir que las personas se pasan meses preguntándote si vas a ser tú la que tengas en la consulta y, de repente, un día dejas de escucharlo. Vieron que no te fuiste, se acostumbraron a verte.
Ahora nos encontramos en el trabajo de campo de un estudio de investigación para el cual nos concedieron en 2023 una beca de investigación promovida por la Gerencia de Atención Primaria de Barcelona ciudad. Nuestro proyecto se titula: Leer en comunidad: una propuesta para la mejora de habilidades individuales y del vínculo social. Una de las preguntas a la que intentamos dar respuesta es: ¿Se podría considerar un club de lectura una propuesta para generar vínculo comunitario y disminuir la soledad no deseada?. Así, entre soledades y sus matices, nos encontramos. En 2024 me he incorporado como vocal suplente a la Comisión de Garantías y Evaluación de Cataluña, el órgano administrativo de carácter multidisciplinar creado tras la aprobación de la LORE en marzo del 2021 por la cual se regulaba la prestación de ayuda a morir (eutanasia y suicidio asistido). Las implicaciones de la pandemia COVID y esta aprobación de la LORE considero que son dos hechos importantes en mi vida como ciudadana y como profesional de Atención Primaria. No son las únicas, pero sí ocupan (de momento) un lugar destacado.

Gemma Torrell
Recuerdo andar por la calle, camino al centro de salud donde empezaba la residencia de medicina de familia en Barcelona sintiendo una leve náusea, sensación inequívoca para mí, de no querer hacer alguna cosa. En ese momento el hospital me deslumbraba. Intenté pasar a Interna en segundo de residencia. Por suerte, decidí no hacerlo. El aprendizaje en el centro de salud fue un aprendizaje de vida, de personas, de contextos, de luchas. Trascendió de una forma radical el aprendizaje y el entrenamiento previo (recolectado durante los años de universidad) biomédico y me hizo mirarlo con una perspectiva y desde un lugar muy diferente. Un poco después de acabar la residencia, ya sin nauseas, aún me esperaba otra vuelta de tuerca. Unas jornadas de Farmacrítixs en la Facultad de Farmacia de Barcelona de la que salí pensando: ¿Qué haré con los pacientes agendados al día siguiente? ¿Qué les voy a recomendar después de lo que he oído aquí? Y así, fui conociendo lugares llenos de magníficas personas como NoGracias, FoCAP, el grupo de ética de la CAMFIC, y ampliando la curiosidad (sobre lo que hacemos y como lo hacemos -la práctica diaria-, la relación con las personas que atendemos, la influencia de la forma en la que nos organizamos en nuestra práctica) y los conocimientos sobre cómo hacemos lo que hacemos y como usamos los conocimientos que tenemos para confeccionar trajes a medida junto a cada una de las personas que atendemos. Este estado de entusiasmo sigue conmigo. Actualmente estoy cursando la tesis doctoral y soy tutora de residentes. En la otra vida leo, escribo, dibujo, voy a correr cuando puedo, comparto tiempo con la familia biológica y con la escogida, e intento disfrutar de las pequeñas cosas del día a día sin que el espíritu del tiempo (sobre todo cuanto al ritmo acelerado) se me eche encima.

Isabel Canales Arrasate
Mi nombre es Isabel y nací en una familia numerosa donde las luces y el amor ganaban y ganan a las sombras, que también las hay. De una madre euskaldun y un padre cántabro con un mestizaje interesante, crecimos en la margen izquierda del Nervión, zona industrializada y con múltiples luchas sociopolíticas que supongo nos influyeron en nuestra manera de ver el mundo. Nos criamos además en caseríos y casas cántabras a partes iguales durante las vacaciones, compartiendo mundo con gente muy diferente a la del resto del año.
Estudiamos en una ikastola ( escuela en la que se aprende en euskara) aunque de adolescente casi todo el mundo de amigos era en castellano. Eso cambió en la Universidad donde pude recuperar el mundo euskaldun que sentí necesitaba no perder, más allá de lo académico y estrictamente familiar.
De pequeña hacía atletismo, corría pista y cross. Cambié al baloncesto donde hice mis primeras amigas de salir junto a otras de clase y conocimos el maravilloso mundo del deporte en equipo, los enamoramientos de los chicos con los que jugábamos patxangas nada más empezar las vacaciones y así fue hasta los 25 o así. Ahí dí el salto a la montaña transformando los Pirineos en nuestra casa emocional, cosa que sigue siendo.
Mi lengua materna es el euskera y hablo bien castellano y un poco inglés y francés. Estudié piano y guitarra y todas las asignaturas interminables de solfeo. Hace mucho que no toco como antes pero toco. Más la guitarra.
He dado clases en la Universidad y también en un Euskaltegi ( escuela de euskara para adultos) porque solo ser médico no me convencía y en la Uni quería dar las clases que yo nunca tuve.
Estas últimas semanas nos ha sacudido un poco la vida. Y cómo esa bola de nieve que al sacudirse tiene un tiempo para que los copos se vuelvan a asentar, así se van asentando las cosas de la vida de nuevo. Esperemos que mejor de lo que estaban, si cabe. Es la imagen que me viene. Como cuando la vida nos da un empujón y aunque parece que perdemos nuestra zona de confort, cabe la posibilidad de que sea para mejor. Esas capas que estaban fusionadas y no se movían (cual inconsciente esperemos no fosilizado) tienen la oportunidad de limpiarse mientras están volando, antes de volver a ordenarse en la base, con menos peso. Como una ventana de oportunidad que además de desconcierto y dolor puede traer regalos. En eso estamos ahora familiarmente. Trabajo como pediatra en AP. De pequeña quería ser cantante y maestra,creo, y últimamente siento la necesidad de volver a mis orígenes. Me apasiona escribir, leer, subir y bajar montañas, estar con l@s que quiero, cantar, acompañar a otr@s en sus vidas pero no en las condiciones laborales actuales. Y aprender. Me encanta aprender. Y sobre todo necesito sentirme libre. Así que habrá que hacerle caso al corazón que nunca se equivoca.

Juan Gérvas
Médico y hombre feliz (con camisa y sin ser del todo idiota). Casado con Mercedes Pérez-Fernández, cuatro hijos, ocho nietos. Hasta 2020, en que la pandemia covid19 interrumpió grandes y pequeñas rutinas, viajamos con los nietos todos los veranos a lugares variopintos, desde La Pampa en Argentina a Berlín en Alemania, pasando por la isla de Tenerife en Canarias, Atenas y alrededores y Roma (en 2016 a Islandia, en 2017 a Castilla y León, en 2018 a Estocolmo, en 2019 a Rusia), sin sus padres. Tras la pandemia, en el verano de 2022 re-iniciamos los viajes con los nietos (ya muy mayores, entre 14 y 29 años), ahora también con los padres, haciendo parte del Camino de Santiago (León-O Cebreiro) y en 2023 recorrimos parte de Andalucía (Granada y Málaga).
Optimista nato, crítico duro, positivo en lo práctico diario. Empezó medicina en Valladolid (España) con 16 años, y acabó a los 22, con un hijo y esperando otro. Durante la carrera, alumno interno de Medicina Interna, y becario de IBM para el desarrollo de la historia clínica electrónica (en 1969 ya decían: “En diez años, la historia resolverá los problemas de coordinación”).
Primeros años profesionales dedicados a la docencia (anatomía) y a la tesis doctoral en Valladolid (facultad de medicina) y la investigación en laboratorio (neurología, modelos experimentales de enfermedad de Parkinson y de su tratamiento, sobre la catecol-orto-metil-transferasa) en Madrid (facultad de medicina de la Autónoma y hospital Ramón y Cajal).
Búsqueda de «vida» como médico de cabecera (médico general) en la atención primaria a la que ha dedicado el resto de su vida.
Escritor de lo que vive y siente, entusiasmado con lo que hace. Exigente con los demás pero más exigente consigo mismo.
Primeras casi tres décadas de trabajo como médico general en Madrid capital (en la intersección de la riqueza y la pobreza, de los “doctores en” y de los analfabetos, entre la glorieta de Cuatro Caminos y la calle Orense), la última década profesional de médico rural en la sierra de Madrid, atendiendo población del valle del río Lozoya, en el entorno del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (pueblos de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y El Cuadrón). Practicante de una medicina con límites, científica y humana (armónica).
Profesor siempre en la universidad española, en torno a la salud pública y a la atención primaria, a tiempo parcial, también en Estados Unidos (Escuela de Salud Pública de la Johns Hopkins, de 1991 a 2013), en la Escuela Nacional de Sanidad (Salud Internacional) y en la Universidad Autónoma de Madrid (todavía profesor honorario de Salud Pública).
Jubilado en 2010 de la clínica, activo en docencia y en la Red. En enero de 2022 tuvo neumonía grave por covid19, que superó tras ingreso en UCI y demás proceso habitual, que le surtió de un cuaderno lleno de notas de campo sobre su atención, la vida y la profesión, transformado en publicaciones varias.
Le gusta la poesía, y el cine en versión original, andar por el campo, nadar en el mar (desnudo), saltar al agua desde acantilados altos y conducir (hubiera sido camionero si no fuera médico). Se defiende en español e inglés, convive con el catalán, el francés, el italiano y el portugués y llegó a saber ruso.
Ha publicado con Mercedes Pérez-Fernández tres libros en Libros del Lince (Barcelona): «Sano y salvo, y libre de intervenciones médicas innecesarias», «La expropiación de la salud» y «El encarnizamiento médico con las mujeres». Coordinó el libro del Equipo CESCA sobre «Registros en atención primaria» y con Josep Casajuana el de «Renovación de la atención primaria desde la consulta». Después, en 2021, con Mercedes Pérez-Fernández, una versión actualizada electrónica de “Sano y salvo”, y en Ediciones Fantasma, en papel, una nueva versión en 2022 de “El proceso médico que expropia la salud”. Entre sus publicaciones científicas para estudiantes y residentes destacaría “Is clinical prevention better than cure?” y “Clinical care and health disparities”.

Lourdes Luzón
Soy Lourdes Luzón Oliver, tengo 44 años y vivo sola desde hace muchos años. Natural de Albacete, una ciudad bien pequeña del interior de España, donde estudié la carrera de medicina y viví hasta los 24 años, cuando partí, llevada por mi intuición y por las ganas de tener vida propia y de comerme el mundo, a realizar la residencia de MFC en Zaragoza, en el Centro de Salud de San Pablo, donde tuve la suerte de trabajar con un equipo de profesionales excelentes en el corazón del casco histórico de Zaragoza y con una población muy rica y diversa, clase media, clase baja e inmigrantes. Eso me llevó a enredarme en otros compromisos con población inmigrante con la ONG Médicos del Mundo, así como a envolverme en proyectos de investigación vinculados a la frecuentación de servicios sanitarios entre inmigrantes y españoles, y comparación de trastornos de salud mental entre ambas poblaciones, lo cual terminó en una tesis doctoral. Con Médicos del Mundo también me he enredado con proyectos de prostitución y de cooperación al desarrollo que me llevaron a pasar dos meses en Mueda (Mozambique). Y así, he ido transitando por diferentes escenarios, como médica de familia en ámbitos urbanos y rurales, hasta trabajar durante cinco años como una de las coordinadoras del Programa de Residencia de Medicina de Familia de Rio de Janeiro (Brasil), un sueño que ni se me hubiese ocurrido que pudiera ser real. Otro regalo de la vida ha sido trabajar de la mano de Abel Novoa en los tiempos más duros de la pandemia en los que desde el equipo CORECAAS (Coordinación estratégica para la Atención Crónica y Atención Sociosanitaria) realizamos desde intervenciones comunitarias con poblaciones vulnerables y con sectores de la población afectados por las restricciones de la pandemia, hasta intervenciones en brotes en los centros de mayores de la Región de Murcia. Desde abril de 2022 volví a desempeñar funciones de médica de familia en un contexto con un 30% de inmigración. Desde entonces trabajo con el cuarto mundo, en un área muy empobrecida, dolorosamente maltratada por las instituciones, la sociedad, y el trabajo desempeñado durante tantos años. La atención primaria me sigue pareciendo cada día más desafiante. El contacto con la naturaleza me hace sentirme afortunada y viva. Me gusta el cine independiente y crítico. Y el teatro es otra de mis aficiones. Otra de las cosas con las disfruto muchísimo es con la música. Cuanto más mayor me hago más tengo la sensación de que más cosas tengo por aprender de la medicina y de la vida. Me encanta conocer historias de vida y compartirlas.

Luis Gimeno
Formación: la de la vida. Me gusta aprender de muchas cosas: filosofía, economía, historia… además de contenidos relacionados con la salud. Me equivoco a menudo y de hecho cada vez tengo más preguntas y menos respuestas.
Soy especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Estuve varios años viviendo y trabajando en el Zaire y luego he vivido y trabajado en Vallekas para pasar a ser un tiempo «amo de casa». Después pasé unos años en la gestión. Actualmente soy vecino y médico de familia y comunidades en el Centro de Salud San Pablo de Zaragoza, profesor asociado en dicha Universidad, tutor de residentas e investigador del Grupo EpiChron de Investigación en Enfermedades Crónicas.
Nada de lo humano me parece ajeno pero tengo sesgos específicos hacia la inmigración, la salud internacional, las inequidades en salud y los aspectos comunitarios. Coordiné 6 años el Grupo de Trabajo de Inequidades en Salud – Salud Internacional de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria donde aprendí (y sigo aprendiendo de personas maravillosas).
Sigo jugando al fútbol, colaboro y aprendo de movimientos sociales y cooperativos y soy un optimista (o un esperanzado) compulsivo.

M.ª José Fernández De Sanmamed Santos
Soy gallega de mar, “mi MAR”, que como dice Manuel Rivas, siempre está presente en mi vida y en mi cabeza. Su presencia y visión me ha ayudado a superar los conflictos y a integrarlos en mi vida psíquica. Mis afectos (familia y amigas) son lo más importante que me ha ocurrido y ocurre y con ellas comparto una vida de alegrías, disfrute y penas.
Jubilada, tras 38 años de ejercicio profesional como médica en la atención primaria pública de Catalunya, continúo en contacto con la AP a través del Fórum Català d’Atenció Primària https://focap.wordpress.com/, del que formo parte, y también de la relación con mis médicas amigas que me continúan permitiendo “vivir” el lujo del oficio primarista.
La edad y los avatares de la vida me permiten, para bien y para mal, llevar una mochila de vida bien cargada, lo que hace difícil buscar ejes que hagan una foto de mi como persona. Diría que soy ante todo MUJER, feminista desde la cuna cuando mi madre me dijo “no seas nunca la esclava de tus 5 hermanos”, médica primarista y una persona optimista que confía en las personas y que empatiza y lucha con los más desfavorecidos tanto en su vida profesional como en su vida social.
Alla lejos, en 1990, viví en Nueva York y estudié investigación cualitativa en ciencias de la salud en Columbia University. Desde entonces este paradigma de investigación es uno de mis placeres. Y ello me abrió al lujo de formar parte del grupo Grupo Kuxkuxeroak (curiosas/curiosos), que emergió del SIAP Bilbao de 2016, y sus investigaciones sobre Consultas Sagradas[1], y de otras investigaciones más recientes como aportar conocimiento a la semiología de la COVID[2].
Soy mujer, hermana, amiga, madre, abuela de 3 chicos-niños preciosos y compañera de un hombre que me quiere y al que quiero. Y soy una activista social y comunitaria, de causas en general perdidas, pero eso sí “perdedora de largo recorrido”, como dice Juan.
[1] “Navegando, entre emociones, por los mares de la investigación cualitativa”
- Grupo Kuxkuxeroak. Percepciones, actitudes y conductas de médicos de atención primaria del País Vasco ante las “consultas sagradas”. Informe completo. http://equipocesca.org/wp-content/uploads/2019/05/Kuxkuxeroak-Informe-amplio-del-estudio-Consultas-Sagradas.pdf
- Baza Mikel, Serrano Elena, Dosio Ana, Douri Nabil, Fernandez de Sanmamed Mª José, Calderon Carlos, et al. (2018). «Consultas sagradas» en atención primaria: ¿qué suponen para el personal médico?. Aten Primaria, 2020; 52(5): 335-44.
- Calderón Gómez Carlos, Serrano Ferrández Elena, Baza Bueno Mikel, Aragón Martín Beatriz, Larrañaga Azpiazu Lorea, Urquiza Bengoa Miren, et al. Apuntes metodológicos y epistemológicos de la investigación cualitativa en atención primaria: cuaderno de bitácora de una experiencia de investigación-aprendizaje. Investigación Cualitativa, 4(1):61-74.
- Baza Mikel, Serrano Elena. Definir la autoría en las publicaciones científicas. AMF 2019;15(7):436-438.
[2] Gemma Torrell-Vallespín, Aurora Rovira-Fontanals, Meritxell Sánchez-Amat, María José Fernández-de Sanmamed Santos. Construyendo la semiología de la COVID-19: los sabios ciegos y el elefante. Gac Sanit 2023; 36(5):416-24.

M.ª Luz Talavera
Soy M. Luz Talavera. Mi infancia y juventud la pasé en Plasencia, donde tengo unos recuerdos inolvidables y a donde regreso cada año en un momento u otro. En 1982, al día siguiente de tener el resguardo del título de enfermera, me marché a Madrid a buscar trabajo. No quería tener que aceptar favores para poder trabajar en el hospital de mi ciudad.
En Madrid trabajé en el Gregorio Marañón, donde encontré grandes compañeras que me ayudaron en esos inicios difíciles de trabajar como enfermera. Disfruté mucho de la movida madrileña y hice grandes amigos con los que aún mantengo esa relación de amistad a pesar de la distancia y el tiempo. Allí inicié mi vida en común con mi compañero al que había conocido hacía unos años en Puerto de Bejar, en un campamento sobre la no violencia de Lanza del Vasto.
Con un hijo de meses y una excedencia, me trasladé a Barcelona. Trabajé en Sant Pablo durante un tiempo hasta que obtuve una plaza en Atención Primaria. Con un hijo de dos años y otro de 4 meses elegí marchar de Barcelona a un entorno mas rural. Pensé que echaría de menos el trabajo del hospital, pero en seguida quedé fascinada y enamorada de la relación que se establece con los pacientes, del privilegio de entrar en sus casas, de la confianza que depositan en la enfermera, de lo importante que es acompañarlos en sus problemas de salud,…No lo cambiaria por nada.
Después de 42 años trabajando como enfermera y 34 en el mismo equipo de atención primaria, me siento muy afortunada por lo que he vivido, por todo lo que he aprendido de mis pacientes, de sus familias, de mis compañeros.
Siempre he pensado que el papel de la enfermera y el de la atención primaria han ido de la mano en su irrelevancia y falta de protagonismo para el sistema de salud y los políticos. Y que es necesario dignificar su gran valor. El FoCAP ha sido de gran ayuda en esta lucha.

Mar Rodríguez Gimena
Estudié medicina hace 37 años. Empecé en 1987 y no sabía en qué aventura me estaba metiendo. Me especialicé en Medicina Familiar y Comunitaria y desde el 98 trabajo y vivo en zona rural. Soy médica y mujer de pueblo, venida de una gran ciudad como es Madrid. Gracias al Diploma de Promoción de la Salud, amplié mi mirada a lo comunitario. Trabajo en Atención Primaria desde hace 25 años. Desde hace cinco, trabajo en el Servicio de Urgencias Rurales de Buitrago del Lozoya. No entiendo muchas cosas de este sistema para el que trabajo pero me parece el mejor para atender a la población. Habría muchas cosas que seguir cambiando.
Mi comunidad autónoma es dura, pero muchas mujeres sanitarias han peleado y pelean para que el feminismo se introduzca en las políticas públicas sanitarias. Me dedico desde hace 25 años a acompañar a mujeres sanitarias, residentes MIR y PIR y mujeres de distintos pueblos en diversos cursos y talleres en los que reflexionamos sobre el impacto del androcentrismo en la ciencia y los sesgos de género en la salud de las mujeres. La mayor parte de los cursos los imparto dentro del sistema público. Me formé en la Escuela Nacional de Sanidad en el curso de formadores/as en Violencia de Género en 2005-2006. Desde 2013 soy responsable de los temas relacionados con la violencia de género en diferentes centros de salud. He participado en el equipo de redacción de dos guías relacionadas con la violencia de género y la formación de formadores y formadoras en VG. Y soy parte del grupo que sigue formando en Atención Primaria.
Recientemente me he incorporado a mi plaza en Buitrago del Lozoya como médica rural. Acompaño los procesos de salud y enfermedad de los habitantes de 7 pequeños pueblos de la Sierra Norte. Me considero activista de muchas luchas, entre ellas la feminista, la antimilitarista y la rebelión contra la crisis climática. Debo el placer de haberme hecho feminista, a mis 25 años, a mi amiga Ana. Desde ese momento mi vida cambió y sigue cambiando, no solo a nivel profesional, sino también a nivel personal. De hecho, si no se pasa el feminismo por tu cuerpo y tus emociones y le das una vuelta política no creo que sea posible acompañar adecuadamente los procesos de salud y enfermedad de las mujeres. También hay mucho que estudiar, claro.
Soy quien soy, a nivel profesional, gracias sobre todo a Carme Valls y a la Red de Mujeres Sanitarias, a la que pertenezco desde hace treinta años. También gracias a mi amiga Henar Sastre, enfermera hoy jubilada, y tantas otras maestras de las que he aprendido, bien en el contacto personal, bien a través de la lectura de sus libros. Carme me animó a estudiar los efectos del medioambiente en la salud de las mujeres y desde 2008 acompaño en consulta a mujeres (y algún hombre) que sufren Sensibilidad Química Múltiple(SQM). Doy cursos sobre este tema en diferentes comunidades autónomas y he participado en la redacción de varios documentos.
Combino desde hace años varias terapéuticas en el cuidado de la salud de las personas. Entre ellas la homeopatía, hice un postgrado en Barcelona en 2002 y desde entonces también estudio y me actualizo en esta terapéutica. Me considero vital e inquieta y me gusta mucho pasear por el campo, cuidar mis plantas y el huerto comunitario con vecinas y vecinos de mi pueblo y cantar en la Escuela Municipal de Música de Buitrago del Lozoya. Adoro a mis perras. Entre mis sueños está uno irrealizable a corto plazo, pero como buena utopía, me permite avanzar: que las mujeres podamos vivir en un mundo libre de violencias.

Mercedes Pérez-Fernández
Licenciada en Medicina por la Universidad de Valladolid (España) y especialista en Medicina Interna, dejó la comodidad del hospital por la posibilidad de ser al tiempo madre y médico de cabecera de 2.000 pacientes. Con cinco hombres en casa se hizo feminista de armas tomar.
Sus pacientes salían con frecuencia en las noticias, en la sección de sucesos, pues dedicó casi tres décadas (70, 80 y 90 del siglo XX)) al bronco San Blas, del Madrid del tiempo de antes, durante y después de “la Movida”, cuando la heroína mataba tanto como el SIDA.
Tras un tiempo en un asilo (como médico) ocupó plaza de médico de pueblo ya sin hijos en casa, en la primera década del siglo XXI. Hasta 2010 fue médica de Braojos, Gandullas, Gascones, La Serna y Piñuécar en el centro de salud de Buitrago de Lozoya (Madrid) que atiende la población rural de la Sierra Norte, 40 pueblos con un total de 5.000 habitantes.
Entre las experiencias vitales, el viaje de tres meses de 2011 recorriendo la piel y las venas abiertas de Brasil (25.000 km, 32 ciudades, 19 estados, 70 centros de salud), zonas de bajo Índice de Desarrollo Humano, para evaluar la atención primaria con la Sociedad Brasileña de Medicina Familiar y Comunitaria.
De siempre le gustó la ética médica y le ha dedicado horas de teoría y práctica. También le gusta pintar al óleo y hacer iconos al estilo antiguo. Se le da muy bien el punto y lucen piezas hechas a mano su esposo (Juan Gérvas), cuatro hijos y ocho nietos (y algunos amigos). Todavía, a veces juega con Honorata, la muñeca que viste y calza como si fuera la hija que nunca tuvo, que le regaló su entonces novio y actual marido. Baila muy bien, es alegre y animosa, buena compañera de viajes y del viaje de la vida. Lee ficción, aprecia el buen vino, disfruta de las calas del Cabo de Gata (Almería, España) y del nadar en el mar Mediterráneo, y no le importa pasar el rato distraída “pensando en las musarañas”.
No aguanta ni la injusticia, ni la corrupción, ni a los abusones, ni a los estúpidos, ni a los chulos, ni las tonterías innecesarias.
En 2015 tuvo un grave infarto de miocardio del que se recuperó, más animada y más crítica con la medicina que nunca. Repitió el infarto en julio de 2023, y se ha vuelto a recuperar pero las “cicatrices” se empiezan a notar (en lo físico, no en el ánimo ni en la alegría de vivir). Sigue disfrutando de la actividad intelectual y de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria (SIAP).
Ha publicado con Juan Gérvas tres libros: «Sano y salvo, y libre de intervenciones médicas innecesarias», «La expropiación de la salud» y «El encarnizamiento médico con las mujeres». Después, en 2021, una versión actualizada electrónica de “Sano y salvo”, y en Ediciones Fantasma una nueva versión en papel, en 2022, de “El proceso médico que expropia la salud”. Entre todas sus publicaciones científicas elegiría para docencia de estudiantes y residentes: “El efecto cascada: implicaciones clínicas, epidemiológicas y éticas” y “Aventuras y desventuras de los navegantes solitarios en el Mar de la Incertidumbre”.

Mikel Baza Bueno
Mikelbaza@Gmail.Com. Bilbao, 24 De Marzo De 1983
Hijo de Ana y Kepa, nací hace 41 años en Bilbao, donde he crecido y sigo viviendo. Siempre me ha gustado mucho viajar, primero con mis padres y en los últimos 20 años con Ainara, juntos hemos intentado conocer el mundo y sus gentes y en este recorrido he aprendido mucho de lo que sé y soy. Hace 9 años nació Irati y dos años más tarde llegó Ane, con las que seguimos recorriendo y conociendo el mundo que nos rodea.
Estudié medicina, aunque podría haber estudiado biología o filosofía, pero me incliné por el contacto con las personas. Así, me licencié en Medicina (EHU-UPV. 2007) y me especialicé en Medicina Familiar y Comunitaria (Consultorio de San Miguel de Basauri 2008-2012). Actualmente, y desde hace 5 años soy médico de familia un consultorio rural de Zeberio (Bizkaia), y a su vez el coordinador de la Unidad de Atención Primaria de Arrigorriaga, que cuenta con varios consultorios incluido el mío y un equipo con personas maravillosas, lo mejor de la atención primaria. La irrupción de la pandemia y la situación estructural de la atención primaria no nos ha permitido desarrollar por completo el proyecto de unidad con el que soñábamos, pero a pesar de todo seguimos promoviendo un atención cercana, humana, continuada, y con orientación comunitaria y participamos en las mesas de Salud de los diferentes municipios que componen la zona básica de salud.
Si no recuerdo mal, hace 10 años fue cuando participé por primera vez en un SIAP fue en Madrid, sobre la “incertidumbre”. Ese fin de semana tuve un flechazo con el seminario, se me abrieron muchas puertas, conocí a muchas personas a las que admiro, he leído y sigo leyendo, y de las que he aprendido y sigo aprendiendo. Luego vinieron «Las consultas sagradas y otros pacientes que lloran» en Bilbao, desde luego fue una auténtica aventura ser parte de aquella organización, y después han venido muchos otros seminarios tanto de forma virtual como presenciales. Del seminario de Bilbao, surgió el grupo “Kuxkuxeroak” (curiosas/os en euskera) con el que nos embarcamos en un proyecto de investigación cualitativa sobre el mismo tema que había versado el seminario. Desde luego me siento parte de esta gran familia, que es una fuente de motivación, inspiración y también alegría.
De forma paralela me he enredado en otros asuntos y con otras gentes, así he formado parte del equipo del «Laboratorio de prácticas innovadoras en polimedicación y Salud» (más conocido como Polimedicado), y ahora reconvertida en Fundación para la Innovación, la Formación, la Investigación y el desarrollo Comunitario (FÜNDEC), donde he conocido a personas maravillosas, amigos y amigas, con las que he aprendido y sigo aprendiendo muchísimo. También formo parte de la Junta directiva de Osatzen, un grupo genial con el que comparto motivación e interés por mejorar la atención primaria. Y en los últimos años también he tenido la grandísima suerte de colaborar con mis queridas/os amigas/os del grupo OPIK-grupo de investigación de los determinantes de la salud de la UPV/EHU, tanto en algunos proyectos de investigación como docentes. Tengo un interés especial por los grupos, como forma de atención, compartir y generar conocimiento, investigación, docencia y promoción de la salud. Además, disfruto de la lectura, de las historias, aquellas que se leen en los libros, pero también de las que nos narran todos los días las/os pacientes en nuestras consultas.

Mounir Diouri
Joven médico de familia en Navarra, desde hace dos años en zona rural al sur de la provincia. Hice mi formación especializada en Vitoria-Gasteiz, donde tuve el placer de conocer a mis compañeros de Osatzen (Sociedad Vasca de Medicina Familiar y Comunitaria), de quienes he aprendido mucho, además de mi tutora, Paz. Criado y crecido en el norte marroquí, Tetuán, junto a mis dos hermanos. Tuve la oportunidad de cursar mis estudios universitarios al otro lado del Mediterráneo en la maravillosa ciudad andaluza de Granada, donde he tenido contacto con asociaciones que trabajaban en diferentes ámbitos como con niños huérfanos, migración de menores, género, asociación de estudiantes de medicina (IFMSA)… lo que sin duda ha enriquecido mi forma de ver el mundo, sumado a la oportunidad que tuve de hacer estancias formativas en lugares como Sicilia, Polonia, Chile… Hablo marroquí (o dariya), francés, castellano y me defiendo en inglés. En mis últimos años de carrera quise ser pediatra, pero creo que ha sido todo un acierto vivirme como médico de familia. Padre joven de mellizos que se asoman a la adolescencia, de quienes aprendo cada día más. Entre mis intereses, destaca la música, «sin la cual la vida sería un error». Amo el mar, donde no me canso de sumergirme cada vez que tengo la oportunidad de hacerlo. Además me gusta cocinar, leer (aunque tiendo a acumular más libros de los que leo), las artes en todas sus formas de expresión, pasear por el monte, curiosear y aprender sobre casi cualquier asunto.
En 2014 asistí a mi primer SIAP (sobre incertidumbre y complejidad clínica) y desde entonces he descubierto un apasionante universo formativo (y de amistades y reencuentros) que no hace más que estimular mi interés por una mejora y aprendizaje continuos en la práctica diaria.
Agradecido por una nueva oportunidad.

Pilar Losada León
Mi nombre es Pilar, nacida hace 33 años en Valencia, tierra de luz. Me licencié en Medicina en la Universidad de Valencia, aunque el quinto año de la carrera lo hice en Lisboa, gracias al programa ERASMUS. Descubrí Portugal y sus gentes, también encontré a mi compañero de vida. En 2015 inicié la residencia en Medicina Familiar y Comunitaria en la localidad de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) que finalizó en mayo de 2019. Fueron años difíciles de inmensos desafíos personales y profesionales pero quiero volver la vista atrás pensando que el balance de lo vivido es positivo. Aunque actualmente trabajo como médica de familia en un centro de salud portugués, pienso que deberíamos salir más de la consulta y potenciar la medicina comunitaria y domiciliaria. Estar más a la “cabecera” de las personas, volviendo un poco a la medicina de los orígenes, esa que nos obliga a agudizar el ingenio y nos adentra en los universos de las personas que atendemos «violentándonos» con sus realidades y sacándonos del campo estéril que puede ser, a veces, una consulta. Para sobrellevar la vida me apoyo en mis progenitores, mi compañero, el deporte y el arte. Hablo y escribo de forma fluida el castellano, el valenciano, el inglés y el portugués. A mi primer SIAP (Vacunas-Madrid 2015) le han seguido otros tantos ( Madrid 2017, Lleida 2017, Zaragoza 2018, Valencia 2019, Madrid 2020, COVID19 virtual 2020) que han supuesto un faro de luz en momentos oscuros, gracias a ese sentimiento de pertenecer a un grupo en el que expresar ideas y opiniones con respeto, y que van más allá de lo establecido dentro de la «clase» médica. Siento orgullo en decir que formé parte del Comité Organizador del SIAP Lisboa (2022, primer SIAP en Portugal) y del SIAP Porto 2023 (a la que llamo ahora “mi ciudad”); ambos fueron encuentros maravillosos y de ellos me llevo un crecimiento personal y profesional incalculable. Es con sorpresa que vi mi nombre en la propuesta para el Comité Organizador del SIAP “del futuro”, y no me atrevería yo a rechazar tamaño honor. Espero que podamos construir una guía que nos oriente en los años venideros y que los seminarios sean eternos.

Vero Gordo
Me llamo Vero García Gordo, tengo 44 años y nací en la villa del “adelantado”, Avilés, Asturias(de ahí lo de veroaviles). Hace ya muchos años que decidí dejar de usar mi primer apellido. En el colegio, cuando pasaban lista, siempre se reían de mí con el “Gordo”. En el pediatra mi hermana y yo éramos las “Gordo”, con sorna, ya que siempre fuimos unos fideos (mi hermana lo sigue siendo). Es el apellido que heredé de mi madre, una mujer poco afortunada en la vida, y que procede de una familia donde somos 3 hijas, 3 nietas y 1 biznieta. Mi padre desapareció de mi vida cuando yo tenía 13 años, así que no me ha parecido justo que sea su apellido el que me identifique. Por eso soy Vero Gordo, con mucho orgullo y satisfacción, como diría alguien por ahí.
Vivo en Lugo desde hace 23 años, porque me casé con un gallego, castelán falante, y que pensaba que la “O” de la matrícula de mi coche era de Ourense y no de Oviedo. Él es mi compañero de vida en todo. En esta ciudad siempre me he sentido espectadora privilegiada de su cultura, de su gente y de su especial idiosincrasia. Mientras trabajaba como personal laboral de la Xunta de Galicia tuve la suerte de iniciar la carrera de medicina, por fin, a los 27 años y a los 35 la residencia de familia, un contexto donde la edad siempre me ha parecido una barrera.
Siempre pareciendo que uno llegaba tarde a todos lados. Tarde para ser médica, tarde para ser madre, tarde para vivir y disfrutar de una vida que bloqueé para formarme en la profesión más maravillosa del mundo, y que a veces te obliga a hacer renuncias, algunas dolorosas.
Desde que acabé la residencia, hace ya 4 años, mi vida laboral ha transcurrido, alternando el trabajo de médica de familia en centros de salud con el de médica forense en el instituto de medicina legal de Galicia, que es a lo que me he dedicado durante casi 3 años. En la medicina forense he conseguido volcar parte de mi vocación de “servicio público” desde una perspectiva menos médica, y más social, colaborando desde mi posición para luchar por un objetivo común que es la protección de las personas vulnerables, sobre todo, ancianos institucionalizados y sobre todo, personas que viven en soledad y muchas de ellas, con enfermedades mentales. Esto me ha permitido aliviar en parte, el sentimiento de cobardía, de frustración y desasosiego que me invadía desde que dejé la atención primaria.
Tras mi paso por la medicina forense, y con otra actitud, perspectiva y expectativas más maduradas y reflexionadas, he podido tomar la decisión de volver a la primaria, y hace 5 meses que me he incorporado a un centro de salud de un pueblo de 15.000 habitantes (una villa) cerca de mi huerta y donde espero vivir dentro de unos años, en la pequeña casa que planificamos construir, en el rural lucense.
Durante los últimos 8 años he crecido como persona y como médica acompañada por la gente de los SIAP, por este ambiente de solidaridad y conocimiento mutuo. Los SIAP siempre han sido para mí, fuente de inspiración y motivación, una isla paradisiaca, donde soñar y creer que otra medicina es posible, aun luchando contra corriente.
Otra parte de mi vida que me ha enriquecido estos últimos años ha sido el cuidado de la tierra. Ser huertera me ha permitido percatarme de detalles en los que antes no pensaba. Pasar las horas viendo como crecen mis plantas, el color de sus flores, la esencia de sus olores, aporta una alegría al alma y te permite sobrellevar las penas de la vida.
Como siempre digo, no tengo mayores ambiciones en mi vida que disfrutar cada día, poder dormir con la cabeza tranquila, mantener la honestidad y la humildad en cada cosa que hago.
Espero colaborar y aportar lo mejor de mí a este SIAP y compartir todo lo posible con tanta buena gente.
Ponentes

Antonia Raya
Natural de Tarragona, nací y crecí en un barrio obrero entre el mar y la petroquímica. Barrio peculiar, conformado como cooperativa de manera asamblearia, hasta que el ayuntamiento lo fagocitó. Soy hija de inmigrantes extremeños, de familia numerosa no por ser muchos hermanos (3), si no porque mis abuelos maternos siempre vivieron con nosotros. Ambas cosas han tenido una gran influencia en mi manera de ver y actuar en el mundo.
Estudié enfermería sin que fuera mi primera opción, no había dinero para que yo pudiera vivir y estudiar biología en Barcelona; lo hice años después, cuando pude compaginar mi trabajo como enfermera de urgencias en el Hospital Clínico en turno de noche, con la universidad. En el año 2001 di el salto a la Atención Primaria con un Máster en Salud Pública. La nocturnidad laboral es mala compañera cuando tienes dos hijos pequeños y poca red familiar cerca.
Trabajo en el CAP del Raval Nord en Barcelona desde hace 20 años y me siento muy vinculada al barrio. Me gusta todo de él, pero, sobre todo, me gusta su gente. Admiro profundamente la población con la que trabajo, su dignidad, su solidaridad, sus pactos comunitarios de vulnerabilidad, el apoyo mutuo, sus luchas por defender derechos básicos como la vivienda, el espacio público, la regulación de personas migrantes.
Sin complejo de que suene pedante diría que lo que más me gusta es estudiar, aprender e intentar enseñar a los demás lo aprendido. Seguramente por eso siempre he compaginado mi rol asistencial con el docente y en estos últimos años, en el desarrollo de mi tesis doctoral, con el de investigadora. Me gusta ir al cine, a poder ser, sola. Cada vez soy menos exigente con mis aficiones, con compartir charlas con mis amigas y mi familia me basta. Quizás por eso el SIAP se me antoja hogar, por el cine, las amigas y las charlas.

Aurora Rovira
Nací en Barcelona en 1961 y allí sigo. De la medicina me gusta el ejercicio intelectual de entender la fisiopatología, pero sobre todo, la clínica. Yo quería una especialidad abierta, divertida, variada, en la consulta y en la calle, en lo biológico y lo social, en la frontera con otras disciplinas. Me decidí por la medicina de familia después de una estancia de prácticas con un GP irlandés, orgulloso de su profesión, a quien estoy muy agradecida. Dudé en el MIR porque tenía buena nota y podía elegir especialidades con más prestigio, pero nunca me he arrepentido.
Siempre he trabajado en zonas urbanas, periféricas, de bajo nivel socioeconómico, y los últimos 33 años con el mismo cupo de pacientes en el CAP La Pau de Barcelona -puedo experimentar en mí misma qué significa la longitudinalidad en la consulta-. En estos años, me he interesado por muy diferentes aspectos de la medicina de familia, desde la polimedicación a la narrativa, pasando por las desigualdades, la violencia de género y el final de vida, pero siempre volviendo voluntariamente a una visión generalista, no de experta. Actualmente también colaboro como referente de apoyo para la ley de la eutanasia en mi zona.
Soy tutora de residentes de MFyC desde hace más de 25 años y la docencia me ha proporcionado grandes dosis de motivación para trabajar mejor. Me interesa la metodología ligada a la reflexión sobre la práctica, la gestión de las emociones y a la utilización de las herramientas más genuinas de la medicina de familia (la palabra, la relación, la exploración física y el tiempo). Aprendemos juntas, me esfuerzo para transmitir la belleza de esta profesión y las residentes me abren nuevas posibilidades para crecer profesional y personalmente.
En mi vida personal ha habido contacto cercano con la discapacidad, la pérdida y la muerte; experiencias intensas de relación, de amor y de cuidado, así como de gratitud a la red de magníficas personas que me sostiene, en su mayoría mujeres, familiares, amigas y compañeras de trabajo. La crianza de mis dos hijas me hizo tomar contacto con mi ser como mujer y, de la mano de otras, descubrir el feminismo y cambiar mi forma de estar en el mundo y en la consulta; después, la consciencia de los otros muchos ejes de desigualdad que nos atraviesan y la necesidad de decrecer hacia una forma más simple y más comunitaria de vivir me sigue interpelando…
Soy feliz en la consulta, en el equipo donde trabajo. Ahora el reto profesional es no perder el norte y encontrar el camino de la atención primaria en la realidad actual. En eso estamos.

Beatriz Bartilotti Mato
Nasci da minha mãe Helena e do meu pai Manuel, com o nome de Beatriz. Antes de mim veio a Francisca e depois o Luís. Antes de todes nós estavam a Amélia, a Virgínia, o Raúl e o Miguel. E ainda mais para trás dizem que temos antepassados de Portugal, do Brasil, da Itália e até do Japão, a avó Mi contava. A minha família é o meu maior privilégio, ao qual agradeço todos os dias.
Cresci na cidade do Porto, entre o rio e o mar, lá perto de onde os pescadores moram. Venho de uma família de médices: o meu avô era cirurgião, a minha avó era pediatra, o meu pai psiquiatra, a minha mãe patologista, a Francisca será infecciologista. Assim, desde pequenina que tinha o desejo de ser médica, sem saber bem o porquê.
Entrei no curso de medicina em 2013 e em 2017 tive a sorte de fazer um intercâmbio no Rio de Janeiro, onde morei durante 7 meses. Aí (sim só aí…) comecei a ter consciência do meu privilégio, comecei a ver o mundo e a sociedade tal como eles são, entendi a sorte ou o azar do lugar onde se nasce e de como o sistema funciona para manter essas “sortes e azares”. Do meu apartamento em Copacabana ouvia tiroteios diários vindos da favela que estava imediatamente atrás. Que privilégio senti em “só” ouvir tiroteios e não os ver ou sentir.
Aí comecei a perceber a medicina como forma de estar na comunidade, para melhorar, empoderar e dignificar vidas. Em 2018, depois de terminar o 5º ano do curso, fiz um intercâmbio no Equador e o que devia ser um mês pela América do Sul, transformou-se num ano. Nesse ano, esqueci a medicina, esqueci a fisiologia, a farmacologia, a anatomia, os números, os iões, as hormonas, os ácidos e as bases. Tive até dúvidas se era realmente isso que eu queria fazer, e vivi. Trabalhei em hosteis a troco de dormida e comida, cruzei a Colômbia, o Peru e o Brasil à boleia, atravessei a selva amazónica na minha rede pendurada no barco, fiz malabarismo nos semáforos, vendi pão na praia das caraíbas, vi os mais lindos pôr do sol do planeta e aprendi que a maioria das pessoas são genuinamente boas.
Voltei com a vontade de fazer uma medicina na comunidade, perto das pessoas, e em especial nos lugares onde a saúde tem mais dificuldade a chegar. Nos entretantos da vida já trabalhei num campo de refugiados, na fronteira-muro da europa, numa ilha no meio do oceano atlântico, nas Serras de Minas Gerais e tive até o privilégio de conhecer a medicina da Floresta Amazónica.
Escolhi fazer a especialidade de Medicina de Família, que me tem dado uma visão maravilhosa da medicina, mas que tem também sido uma luta. Já passei por vários dilemas, desde o papel que tenho como funcionário da indústria farmacêutica, ao papel que tenho como perpetuadora do sistema e da roda do capital girar. Nesses momentos lembro-me que a medicina é também um ato consciente, político e de resistência, e encontro nos SIAP esse lugar seguro no qual podemos conversar abertamente e refletir como podemos ser a resistência ao sistema que nos é imposto.
Defino-me como anarquista porque acredito em utopias e na liberdade humana e do planeta, que me parece impossível tendo uma figura de estado controlador (especialmente se capitalista, no qual só o lucro importa). Falo português, castelhano, inglês, um pouco de francês e estou a tentar aprender árabe (insha’lah). Sou natureza e como segunda profissão, quando permaneço o suficiente no mesmo sitio, gosto de me considerar agricultora. A bicicleta é sempre a minha melhor amiga e até de viagem a escolho como companheira. Neste momento moro nas praias da costa sudoeste de Portugal, no Litoral Alentejano. Falta-me pouco mais de um ano para terminar o internato em Medicina Geral e Familiar e desde aí decidir os próximos passos, que com certeza passarão por um trabalho na comunidade, longe das cidades, porque uma coisa tenho tido cada vez mais certeza: medicina biomédica numa estrutura hospitalar não é para mim.

César Montero
«Soy médico de familias y comunidades en el barrio de San Diego de Vallecas (Madrid) trabajando junto a un grupo de compañeras con las que comparto la forma de entender la medicina.
He vivido siempre en Madrid, donde también me he formado. Si volviese atrás no volvería a estudiar medicina pero dentro de eso convencido del camino de la medicina de familia. Recientemente terminé la residencia y a pesar de la incertidumbre de los futuros posibles, contento de haber decidido unir mi camino al de personas a las que admiro en un mismo centro de salud en el que poder crecer juntas. A lo largo de mi recorrido siempre he aprendido de gente crítica y a contracorriente de dentro y fuera del mundo sanitario encontrando en esos espacios la motivación para seguir adelante. Miembro de La Cabecera.
Fuera de la medicina soy scout aunque ya no en activo, me gusta la montaña y el teatro».

Eugenio A. Rodríguez Martín
Soy paciente, lego en sanidad. Soy sacerdote católico y capellán de hospital. Tengo una experiencia relativamente amplia en este mundillo. Mi visión general se acerca mucho a los Siap. Los conocí por el farmacéutico y forense Óscar Quintela. Algunos amigos sanitarios me fueron contando de los blog (desde el «decano») y webs al respecto y mi interés por el enfoque SOLIDARIO ha sido creciente.
Mis padres empezaron a trabajar en la infancia. Me marca positivamente un cierto orgullo por el trabajo y prefiero ser pueblo a ser de arriba.
Tengo vínculos sólidos con diferentes actividades en torno a la solidaridad, conozco bien los movimientos vecinales y también la historia de la solidaridad. Entiendo por Solidaridad una forma de vida. Las actividades asistenciales no creo que entren plenamente en la solidaridad. La solidaridad tiene más que ver con la profesión, la vida sociopolítica.
Escribo algo en blogs y poco en prensa. Hago cada semana un programa de radio y a veces entrevisto a Simó, Teresa Escudero, Gérvas, Luis Palomo, Alberto Pardos, Luis Gimeno, J. R. Loayssa… o meto «cortes» de otros sitios. De los SIAP y “sus temas” soy difusor habitual. Desde que asisto creo haber publicado sus conclusiones y realizar alguna entrevista. Sobre la pandemia he escrito algo y difundido mucho resultando algo muy promocionante y liberador la experiencia con los SIAP. Para el público lego hemos ido metiendo información para no expertos en ahoramqnunca.blogspot.com, que ha sido muy bien recibida por quienes no querían vivir ni sometidos al poder ni solamente en una crítica que se situaba en el otro extremo. También hemos colaborado a la difusión de un folleto de viñetas de Mónica Lalanda sobre conciencia médica que llegue a espacios del pueblo. Para mí todo ello ha sido un ejercicio de libertad y revolución.
Tampoco me ha resultado demasiado incómodo discrepar y observar discrepancias. Comparto la alegría de tener juntos esta experiencia y vernos físicamente en algunas ocasiones.
Me gusta mucho aprender, especialmente en áreas muy plurales. No de todo porque es imposible pero mucho de cómo somos las personas, la sociedad, de todo lo que suponga avance, de historia. Soy aficionado también al cine pero casi siempre buscando esa perspectiva humanística y de lucha solidaria. Intento ser al tiempo muy crítico y optimista en la valoración de los pequeños pasos y en el largo alcance de todo lo solidario.

Emma Contreras
Soy matrona, trabajo actualmente en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Formo parte del grupo de investigación “Enfermería” del IDIVAL y actualmente estoy realizando la tesis doctoral.
Impartir cursos para profesionales sobre asistencia sanitaria en el duelo perinatal en muchas ciudades de España, me está permitiendo observar y reflexionar sobre factores que hacen que éste sea pilar del estatus quo.
Casada y madre de familia numerosa. Desde joven (diría niña) asociada en diferentes asociaciones sociopolíticas, profesionales y religiosas. Me parece importante cultivar una conciencia crítica ante la realidad. Disfruto de la montaña, hacer deporte, y el diálogo.
Conocí los SIAPs desde el del COVID y desde ese momento sigo en contacto con «esta corriente».

Gorka Maiz
Nací en Bilbao hace 42 años, hijo de maestra y de pediatra de Atención Primaria. Nieto de albañil que con su maleta de cartón llegó a Bilbao en la posguerra a buscarse la vida, y acabó quedándose hasta el fin de esta.
Ellos me transmitieron creo, además de la pasión por enseñar, educar y cuidar, el compromiso y el valor de la lucha por aquello en lo que uno cree y por la justicia social.
Estudié Medicina en la Universidad del País Vasco.
En el verano de 4º, pasé 4 meses en Cochabamba (Bolivia) con otros compañeros. Íbamos con idea de unirnos a algún proyecto de cooperación de tipo sanitario, pero tras visitar algunas comunidades, acabamos viendo otras necesidades que no estaban cubiertas y nos decidimos a poner en marcha otro proyecto nosotros mismos. Tan bien fue aquello que al verano siguiente en vez de ir 4, fuimos 5 meses y que a ese le sucedieron otras estancias y otros viajes por otras regiones latinoamericanas, siempre integrados en la comunidad y participando de sus luchas.
Obviamente todas aquellas experiencias me marcaron y me comprometieron aún más con la justicia social y en lo profesional con la parte también más social y comunitaria de la medicina.
Como no podía ser de otra manera acabé especializándome en Medicina de Familia, en el Centro de salud de Otxarkoaga, Bilbao.
Tras años de precariedad y paro, desde hace 7 trabajo en el Centro de Salud de Miribilla-La Merced, de Bilbao la Vieja, otro barrio muy marcado por la inmigración, la pobreza y los determinantes sociales en general.
Soy padre de un niño de 8 años y dos niñas de 6 y 2. Desde el nacimiento del primero (Ibai) me acogí a una reducción de Jornada y con el de la segunda (Nora) a una excedencia que mantuve 2 años. Ahora de nuevo compatibilizo lo profesional y la crianza apoyándome en una reducción de jornada.
Formo parte de la Junta Directiva de Osatzen desde hace 13 años, y desde hace 5 tengo el honor de presidir dicha Junta. Un equipo con mayúsculas con algunas de las mejores personas que he tenido el placer de conocer.
En los años previos, en representación precisamente de Osatzen, he formado parte del Foro Vasco por la Salud, plataforma en defensa de la sanidad pública en Euskadi, desempeñando la tarea de Coordinador.
Milito también activamente en la defensa de la escuela pública y el sistema educativo público en general.
He participado previamente en algunos SIAP como el de Bilbao y sus “Consultas sagradas”, el de Madrid de 2020 de “Pobreza y salud” o el de Zaragoza de 2021 sobre COVID-19. Menos de los que me gustaría, sin duda.
Me gusta mucho viajar, leer, la música, el cine o el deporte. También la naturaleza y los animales.
No soporto las injusticias y los abusos de poder y tengo facilidad para ilusionarme, emocionarme y comprometerme con casi todo. Me cuesta decir que no, y este SIAP es un nuevo ejemplo. Será un honor y un orgullo participar de esta forma y espero aportar en la medida de mis posibilidades al debate y la reflexión.

Inma Vicente
Nacida en Pamplona, el 6 de marzo de 1968, inicia sus estudios universitarios en 1986. Obtiene, en 1991 la licenciatura en Geografía e Historia, especialidad en Historia del Arte, realizando el último año de especialización en la Universidad de St. Andrews (Escocia). En el año 1992, se traslada a Madrid para realizar el Máster en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad San Pablo CEU. Coincidiendo con su etapa en Madrid, trabajó como documentalista en diversas instituciones como el Ministerio de Educación y Cultura, Senado, Biblioteca Nacional, Congreso de los Diputados y Consejo Superior de Deportes. Vuelve a Salamanca y obtiene la Licenciatura en Documentación en el año 1996. En el año 1997, comienza a trabajar como bibliotecaria en el departamento de proceso técnico de la Universidad de Navarra hasta que le ofrecen materializar el convenio de colaboración firmado entre la Diócesis de Córdoba y la Universidad de Navarra, para la automatización de la Biblioteca Diocesana de Córdoba, cargo que ocupó durante los años 2001-2013. En el año 2004 obtiene el DEA por la Universidad Complutense de Madrid con la redacción del catálogo de los incunables y post-incunables de la sección de fondo antiguo de la Biblioteca Diocesana de Córdoba. Coincidiendo con su etapa como directora de la Biblioteca Diocesana de Córdoba, puso en marcha el programa de prácticas y formación en gestión de fondos históricos en dicha biblioteca e impartió docencia como profesora colaboradora en el Máster de Textos, Documentos e Intervención Cultural y en la Licenciatura de Traducción y Documentación de la Universidad de Córdoba. Finalizado el proyecto de automatización de la Biblioteca Diocesana de Córdoba, le ofrecen dirigir la Biblioteca de la Universidad Loyola de Andalucía, y se traslada a Sevilla con la misión de poner en marcha la Biblioteca del Campus de Palmas Altas. Durante su etapa en Sevilla, realiza el Máster en archivística por la UNED y Fundación Carlos de Amberes y trabaja en la implementación de la red de bibliotecas de las universidades de la Compañía de Jesús en España. Proyecto que se materializa definitivamente en Granada, cuando le proponen crear la Red de Bibliotecas de la Archidiócesis de Granada (RedBA), proyecto al que se suma posteriormente la Archidiócesis de Oviedo. Por un problema familiar decide trasladarse a Madrid y en julio del año 2022 pasa a dirigir la Biblioteca y Archivo del Ateneo de Madrid, una de las bibliotecas privadas más importantes de España especializada en fondos del siglo XIX y ½ del s. XX. Destacaría como proyectos más importantes, desde que dirijo el departamento en el Ateneo de Madrid, la migración de los sistemas de gestión de la biblioteca y archivo del Ateneo, a Koha y AtoM, respectivamente haciendo una apuesta clara por el software libre y la puesta en marcha del TándEM (comúnmente conocido como Escuela Taller) en colaboración con el Ateneo de Barcelona “Los archivos del Ateneo de Madrid y Barcelona: conservación y difusión”
AFICCIONES
Me gusta mucho leer, viajar, escuchar buena música, soy fan de grupos como The Beatles, Queen, Elvis, Bruce Springsteen, Elton John, Sheeran, Sinatra, entre otros. Disfruto mucho compartiendo mi tiempo libre con mi familia, y amigos, y me encanta hacer senderismo.Tengo todavía muchos sueños por cumplir en mi vida, como aprender a tocar un instrumento, estudiar filosofía y hacer el árbol genealógico de mi familia. Adoro Asturias la tierra de mi marido, así como pasar largas temporadas en nuestra casa cerca de la playa de Salinas a la que nos escapamos siempre que tenemos días libres y otra tierra a la que estoy muy ligada y en la que conservo grandes amigos es Navarra, en donde nací y de donde curiosamente es también Juana Capdeville.

Juan Diego Areta Higuera
Juandi. 39 años. Andaluz y uruguayo. Casado con Ana. Padre de Martina y de África. Cronopio. Médico y protoantropólogo (estudié algunos cursos de Antropología por la UNED). Lector voraz pero desordenado. Hubiera sido un buen nadador pero preferí el deporte de equipo. A veces tengo la sensación de que corremos y nos movemos incesantemente sin saber muy bien hacia dónde vamos. Cada vez me siento más llamado a la quietud, que no es lo mismo que la inactividad o la parálisis. Me gusta ver cine en el cine.
Desde niño con vocación de servicio. Quise ser misionero y/o revolucionario, pero (o tal vez por eso) acabé siendo médico. Durante la carrera me di cuenta de que, al estudiar las patologías, en muchas aparecía como factor de riesgo “nivel socioeconómico bajo” y nadie nos explicaba por qué. Ahí arrancó lo demás: especialización en Medicina Familiar y Comunitaria en Sevilla, dando relevancia al segundo apellido de la especialidad (rotación en Vallecas con Juan Luis Ruiz-Giménez como tutor) y compaginando el último año con el Máster de Salud Internacional y Cooperación de la Autónoma de Barcelona.
Laboralmente inquieto, pero satisfecho. Intento que mi trabajo sea coherente con mi vida. He trabajado en distintos ámbitos (centros de salud rurales y urbanos, hospitales, prisiones…) y lugares (España, Camerún, Guinea Ecuatorial…).
En mi consulta -esté donde esté- intento escuchar, acompañar y ser de ayuda. Intento, con más o menos acierto, ser un buen médico, sin más. No es fácil. Me ayuda el ejemplo de tantos compañeros y maestros de los que he aprendido y aprendo cada día.
Soy un pesimista esperanzado. Soy cada vez más consciente de mis limitaciones, pero también de que en lo pequeño y cotidiano a menudo nos lo jugamos todo. A pesar de sufrimientos y frustraciones, mantengo la alegría, la ilusión y la esperanza, ayudándome a menudo con estos versos de Casaldáliga:
Es tarde,
pero es nuestra hora.
Es tarde,
pero es todo el tiempo
que tenemos a mano
para hacer el futuro.
Es tarde,
pero es madrugada
si insistimos un poco.

Luis Palomo
Médico de atención primaria en el Centro de Salud “Zona Centro” de Cáceres. Sigo y admiro las iniciativas de Juan y de Mercedes desde los años 80 del siglo pasado. Aunque ellos se califican de “perdedores de largo recorrido”, haríamos una larga cadena humana con todos los que les seguimos y hemos aprendido de ellos y hemos madurado gracias a sus estímulos. Los SIAP puede que sea su iniciativa con más éxito. He participado en ellos de manera intermitente y he disfrutado de sus enseñanzas a través de un formato innovador sin parangón en el panorama sanitario, por eso me parece obligado contribuir a su continuidad. Podría estar jubilado, pero todavía encuentro útil mi trabajo y por eso sigo yendo cada día a la consulta donde me esperan entre 35-50 pacientes, y me siguen despertando curiosidad las aportaciones de actividades como los SIAP. Hay una frase que creo se atribuye a Ghandi que me gusta recordar y es una especie de lema para mí: “Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir siempre”.

María Pilar Astier Peña
Soy Pilar Astier y trabajo actualmente como médica de familia en el centro de salud de Universitas en Zaragoza, del Servicio Aragonés de Salud. Soy tutora de residentes de MFyC.
Estudié medicina en la universidad de Zaragoza. Hice la especialidad de medicina preventiva y salud pública en los años noventa. En esa etapa me interesó la salud pública internacional y colaboré en proyectos de OMS Europa, trabajé en gestión clínica, calidad asistencial e investigación en economía de la salud desde la perspectiva hospitalaria y de los servicios autonómicos de salud. Al cabo de los años, volví a hacer el mir y me especialicé en medicina familiar y comunitaria, siempre con una perspectiva de salud pública y comunitaria. He trabajado como médica de familia en centros de salud rurales y urbanos en Aragón.
Durante el año 2022-2023, he estado trabajando en Cataluña, como asesora de calidad y seguridad del paciente en la dirección territorial del Camp de Tarragona y en el equipo técnico de elaboración del plan estratégico de calidad y seguridad del paciente de Cataluña 2023-2027. Para mí ha sido una gran oportunidad de combinar la salud pública, la calidad asistencial, la seguridad del paciente y la visión con perspectiva de los diferentes niveles asistenciales y diferentes proveedores, todos orientados a dar una atención de más calidad y segura.
Mi interés por la mejora de la medicina familiar y comunitaria dentro de la atención primaria me ha llevado a participar activamente en las sociedades científicas que me representan. Así, soy vocal de la junta directiva de WONCA Mundial (Organización Mundial de Médicos de Familia) donde tengo el papel de enlace de WONCA con la OMS. Pertenezco al grupo mundial de calidad y seguridad del paciente (WONCA Working Party on Quality and Safety in Family Medicine) y al grupo EQUIP de WONCA Europa de calidad y seguridad. Soy también la coordinadora del Grupo de Seguridad del Paciente en la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) desde 2012 y coordino la organización de las Jornadas de Seguridad del Paciente en Atención Primaria que se celebran en junio de cada año. He sido vocal, tesorera y secretaria de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA). Actualmente, coordino la sección de seguridad del paciente.
El futuro de mi especialidad me preocupa y por ello, me he comprometido como tutora de residentes de medicina familiar y comunitaria. He sido profesora asociada de prácticas clínicas de la facultad de medicina de Zaragoza. He impartido una asignatura optativa sobre aprendizaje del razonamiento clínico como competencia del profesionalismo médico desde 2009 hasta la actualidad. Pienso que es clave transmitir nuestro conocimiento, habilidades y forma de trabajar a las generaciones futuras.
Mis líneas de interés en investigación son la calidad asistencial, la seguridad del paciente, la atención comunitaria y el desarrollo de la atención primaria como corazón de los sistemas de salud mundiales, dando así respuesta al tercer objetivo de los ODS de la ONU, que incluye el facilitar una cobertura sanitaria universal a toda la población mundial. Estoy casada y tengo 2 hijas y un hijo. Los tres trabajando y estudiando fuera de casa. Con mi pareja comparto el amor por la literatura, el deporte, la música, el baile, viajar con la familia y amigos para conocer nuevos lugares y nuevas gentes y el dar apoyo y acompañamiento solidario y fraterno a aquellos que están en situaciones difíciles.

Miguel Melguizo Jiménez
Médico de Familia del Centro de Salud Almanjáyar de Granada desde 1990 a 2025. He centrado mi desarrollo profesional en la Medicina de Familia, la Atención Primaria, la enseñanza en Medicina y la Bioética Clínica.
Con más pasado que futuro, afronto mis primeros meses en la condición de Médico Jubilado intentando reubicarme ante las oportunidades de aprender de la vida y allí donde más pueda ser útil. El recambio generacional ha llegado y solo me queda dar paso. Siempre he trabajado con el sesgo del trabajo en zonas periféricas.
Como Médico de Familia he creído firmemente en la longitudinalidad, la integralidad, el generalismo, el humanismo y la equidad como valores profesionales esenciales. En Atención Primaria quedará eso o la barbarie del mercantilismo.

Mirko Callaci
Comencé actuando en espacios pequeños, con recursos limitados pero con una pasión inmensa. Con el tiempo, ese impulso me llevó mucho más lejos de lo que habría imaginado: a recorrer más de 40 países, a presentarme en escenarios míticos como el Crazy Horse de París, y a conectar con públicos de culturas muy distintas, pero unidos por una misma emoción. El asombro.
Nací en Rosario, Argentina, una ciudad donde los sueños se mezclan con el aroma a césped recién cortado. Allí descubrí, desde muy pequeño, que la magia no era solo un truco, sino una forma de mirar el mundo. Mi primer recuerdo de magia es una sensación: el silencio cargado de asombro cuando algo extraordinario ocurre. Desde entonces, supe que quería repetir esa sensación o mejor aún provocar eso en los demás. Por ese instante puro donde la lógica se suspende y todo puede suceder. Una mirada capaz de detener el tiempo, de conectar con otros, de abrir una puerta a lo imposible.
Paralelamente crecí rodeado de ciencia, mi madre bioquímica, con su laboratorio en casa y mi abuelo otorrino también con su consultorio, además ambos trabajaban en el Hospital lugar donde no me gustaba frecuentar. Pero desde chico conviví con el mundo médico, con su precisión, su búsqueda constante de respuestas. Aunque mi camino fue otro, esa influencia despertó en mí una fascinación por lo desconocido, por lo que no se ve a simple vista.
Desde el comienzo del camino, entendí que la magia es un lenguaje universal. Que no necesita traducción. Ese cruce entre lo humano y lo inesperado, entre lo clásico y lo contemporáneo, ha sido siempre el eje de mi búsqueda. Por eso me interesó mezclar disciplinas, explorar nuevas formas. Desde un objeto cotidiano, un malabar hasta una tecnología de última generación. Lo importante no es el truco, sino lo que provoca: sorpresa, risa, emoción, reflexión. Y aunque el recorrido ha sido largo, lo vivo como si recién comenzara. Porque cada encuentro con el público es una primera vez. Y en ese momento de intercambio y disfrute compartido, vuelvo a sentir que vale la pena dedicar la vida entera a este arte. Desde aquel niño que imaginaba imposibles hasta hoy, hay algo que nunca cambió: el deseo de crear al menos por un instante ese momento mágico en el que el tiempo se detiene y nuestro niño interior ríe, disfruta y se emociona.

Raquel Sánchez Ruano
Mi nombre es Raquel (ella), tengo 28 años, nací en Salamanca y he vivido la mayor parte de mi vida en un pueblo cercano. Desde muy pequeña he llevado el cuidado en mi día a día, pero no me di cuenta hasta que estudié Enfermería en la Universidad de Salamanca, entre los años 2014 y 2018. Durante este tiempo, formé parte de la Asociación Estatal de Estudiantes de Enfermería (AEEE), lo que me permitió conocer diversas formas de pensar, actuar y trabajar, y enriqueció enormemente mi época universitaria. Además, tuve la oportunidad de optar a una beca de pregrado de investigación en el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), que confirmó mis sospechas sobre mi interés por el mundo de la investigación.
Fue durante la carrera, en parte por la formación del grado y en parte por la participación en plataformas vecinales, cuando descubrí mi afinidad por las actividades comunitarias; esto me llevó a leer sobre otros enfoques de salud, más centrada en los determinantes sociales y en el abordaje familiar de los procesos vitales. Este interés me llevó a preparar el EIR tras finalizar mis estudios. Entre los años 2019 y 2021, realicé la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria. Como hasta entonces siempre había vivido con mis padres, pensé en el periodo de residencia como una oportunidad para conocer otros entornos y aprender cómo se trabaja en otros lugares. Elegí Madrid buscando una ciudad grande que me permitiera realizar rotaciones en unidades de investigación. Realicé mi residencia en el Hospital Universitario de la Princesa, fue una residencia truncada por la pandemia, pero aún así, pude aprender mucho de mis tutores, tanto a nivel clínico como en investigación.
Actualmente, resido en Algeciras, un cambio motivado por razones personales que ha supuesto un gran reto, entre otras cosas, porque he tenido que dejar la consulta, por no estar baremada en la bolsa y no poder optar a contratos. Ahora mismo, trabajo fundamentalmente en investigación, a través de un contrato con la RICAPS (Red de Investigación en Cronicidad, Atención Primaria y Promoción de la Salud), que compatibilizo en los periodos vacacionales con la asistencia, a la que echo mucho de menos.
Actualmente, estoy inmersa en la realización de mi tesis doctoral en Epidemiología y salud pública, en el que estoy realizando un proyecto sobre epidemiología de los cuidados en el ámbito de la fragilidad.
Entre mis principales aficiones están viajar, las manualidades y la cocina, actividades que me permiten desconectar. Me encanta escuchar música en el sofá, con mi pareja y nuestros dos gatos mientras leo. Mis lecturas actuales se centran en temas como el feminismo, la lucha contra la gordofobia y la ecología.

Rosa Añel
Médica de familia, apasionada por la seguridad del paciente. Editora del blog “Sano y salvo” de seguridad del paciente en atención primaria. Máster en participación y desarrollo comunitario.
Tengo 51 años. Trabajo desde hace 17 años en el Centro de Salud Landako, ubicado en Durango, una pequeña ciudad situada en el corazón del País Vasco, donde también vivo. Así que tengo la gran suerte de poder ir andando o en bici a trabajar, y de enterarme de la evolución de muchos de mis pacientes en la cotidianidad de la vida: en el parque, en el supermercado o simplemente, paseando por Durango y zonas colindantes.
Nacida en Ermua, soy la tercera de cuatro hermanos. Los otros tres, chicos. Yo la única que jugaba al fútbol y la que más, y con mayor esfuerzo, estudió. Siendo la única chica tenía que ayudar mucho más en casa, a realizar las tareas domésticas, no sin protestar por lo que me parecía una situación injusta. Supongo que siempre he sido feminista, aunque por aquel entonces, en mi adolescencia, no era consciente de ello.
Madre de dos hijos, Iker y Aitor. Ellos no quieren trabajar en el ámbito sanitario, quieren dedicarse a la enseñanza. Su trabajo y el mío se parecerán más de lo que creen. Ellos, igual que yo, tendrán que esforzarse por adaptarse a las características y necesidades de las personas: para ellos alumnas y para mí pacientes. Mi convicción es que los servicios públicos han de ser un colchón de apoyo para los más necesitados. Debemos ayudar más a quienes más lo necesitan. No se puede, ni se debe, dar y tratar a todos por igual, sino dar a cada cual lo que es adecuado. La equidad es y vale mucho más que la mera igualdad.
La Atención Primaria ofrece posibilidades increíbles de trabajo y crecimiento personal. Si además mantienes una relación estable, duradera y de confianza con los pacientes, el trabajo como médica de familia es un paisaje indescriptible. Se producen momentos mágicos, impensables y nunca vividos, en los que los sentimientos fluyen y el entendimiento trasciende a las palabras. Durante la pandemia se pusieron de relieve las principales fortalezas y debilidades de la atención primaria. Creo que pesaron más los puntos fuertes y creo que fue en esa época donde tomé mayor conciencia del impacto de la accesibilidad, longitudinalidad, integralidad y coordinación, los atributos esenciales e “intocables” de la atención primaria.
Me gustan los libros (y también leerlos), el teatro, el cine, los museos, la música y, como no, disfrutar de la naturaleza y viajar. Me gusta ver cómo avanzan mis hijos por la vida, recordar su infancia, compartir los buenos momentos y acompañarlos en los no tan buenos. Me gusta estar en familia, con mis amigas y amigos, y con las personas que me hacen sentir bien.

Sara Yebra Delgado
médica especialista en medicina familiar y comunitaria en el Centro de Salud de La Calzada, Gijón.
Nací en Ponferrada un 24 de Abril: saber que vine al mundo entre el día del libro y la conmemoración de la revolución de los claveles siempre me hace sonreír porque esta casualidad define bastante bien mis pasiones. No creo en la astrología pero resulta que soy tauro de manual: cabezona y hedonista.
Soy médica de familia y trabajo en el centro de salud del barrio de la Calzada en Gijón (donde vivo felizmente incluso con la lluvia).
Me salvó la vida aterrizar en el feminismo y me interesa mucho todo lo relacionado con la bioética. Todavía creo que mucha gente pequeña haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo.

Virginia Gorriti
Soy profesora de universidad. He estudiado distintas disciplinas para tener el enfoque multidisciplinar y ahora la academia solo quiere que seas experta en un campo, en una pequeña área, en una reducida sección. Contradicciones que va adoptando la vida sin tenerte en cuenta.
He trabajado en muchas facultades, con sus distintos perfiles de alumnado y veo que la docencia actual no asume su condición de obsolescente. La universidad de hoy en día vive en el pasado y la IA, los hologramas y otros muchos algoritmos va a suplir la función caduca del profesorado.
Para compensar todo ese pesimismo humanista soy alimentadora de gatos. Esta labor altruista compensa toda la desazón laboral y enaltece mi figura de humano de referencia. En los desfavorecidos felinos encuentro toda la paz interior que necesito para abordar el decurso de la vida. La gente no quiere a los gatos de la calle por su condición de pobres. Los videos de gatos, que viven en las casas de sus amos, que suelen ser las personas que realizan esas grabaciones, son altamente estimadas. Como no son pobres, ni se encuentran desamparados todo el mundo gusta de verlas. En cambio, se niega a reconocer la indefensión del gato comunitario, que observa como se queda sin territorio en el que vivir por un urbanismo frenético y feroz que conquista metro a metro nuestros pueblos y ciudades.
Asisto a cómo día a día el resto de la comunidad mata, envenena y agrede a estos animales. Mi vecindario está repleto de figuras abyectas, consideran que esto no es un delito, que es algo común. Contra esta estulticia que frena nuestra evolución se han creado muchas leyes que muchos segmentos de la sociedad se niegan a reconocer pero que nos hacen avanzar en las conquistas del bienestar social: la Ley trans para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, la ley del Bienestar Animal, la ley del Ley del “sólo sí es sí”.
Lo que la sociedad actual debe buscar es la inclusión de todos; animales, personas, colectivos, profesiones. Si todos los individuos no sentimos pertenecientes a una sociedad justa y ecuánime, resulta más probable que nos impliquemos y busquemos soluciones para afrontar los problemas y retos del futuro, esperemos que de naturaleza sostenible.