Relatos vitales del Comité Organizador y de ponentes

Como las flores que florecen en lugares inesperados, cada historia se despliega con belleza y resistencia, revelando maravillas ocultas.

Abel Novoa (ponente)

Soy médico de familia desde el siglo pasado e interesado por la bioética y la filosofía médica. He sido médico hospitalario y de atención primaria, gestor, diseñado políticas de fomento del conocimiento biomédico, así como participante activo en organizaciones de la sociedad civil y asociaciones científicas.

Expresidente de NoGracias. Presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de la Región de Murcia. Miembro del Grupo de Trabajo de Bioética de la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria).

Melómano (la escucho mejor que la interpreto) y, ahora, nadador en las aguas abiertas de Cabo de Palos.

Sigo a flote.

Antonio Pujol de Castro (ponente)

Médico Interno Residente de Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Clínico San Carlos (Madrid). Graduado en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Salud Pública por la Escuela Nacional de Sanidad – Instituto de Salud Carlos III. Vocal de Residentes en la Comisión Nacional de la Especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública del Ministerio de Sanidad. Coordinador de la Asociación de Residentes de Medicina Preventiva y Salud Pública (ARES MPSP).

Daniel Owens (ponente)

Daniel trabaja para Inner Compass Initiative, una organización sin fines de lucro con sede en Estados Unidos que empodera a personas con experiencia directa en diagnósticos psiquiátricos y medicación para que tomen decisiones informadas sobre su salud mental. Su objetivo es unir a individuos con experiencia personal en tratamientos psiquiátricos para imaginar alternativas más allá del paradigma medicalizado de la salud mental.
Daniel trabaja apoyando a quienes han sido perjudicados por medicamentos psiquiátricos, además de abogar por una mayor concienciación sobre el creciente problema del daño iatrogénico causado por estos tratamientos.

Ermengol Sempere Verdú (ponente)

17 junio 2025

Médico de familia (Auto) Semblanza 

Soy un médico de familia recientemente jubilado. Durante los últimos treinta años de mi vida profesional he permanecido en el mismo puesto de trabajo en el Centro de Salud de Paterna, con el mismo cupo de pacientes, es decir, he primado la continuidad en mi dedicación y al tratarse de un centro acreditado he podido desarrollar mi especial interés por la docencia, hasta el punto de que me hubiera costado imaginar mi trabajo en el día a día sin estar cerca de los residentes. A algunos compañeros les ha costado entender cómo he podido permanecer tanto tiempo en un centro de salud con una población tan compleja y con algunos barrios tan desfavorecidos como Paterna, sin embargo, yo siempre les he contestado que daba un poco igual donde estuvieras, bastaba con el compromiso con tu trabajo y tus pacientes, y con tener un pequeño grupo de compañeros con los que se compartiera cierto grado de complicidad personal y profesional.

He tenido desde siempre una especial inclinación por los temas relacionados con el uso de los medicamentos en general, y por los psicofármacos en particular. Uno de los primeros cursos de postgrado que realicé nada más acabar la carrera fue el de Tarjeta Amarilla, y, además, tuve la fortuna que durante la Mili un compañero médico catalán me recomendara el Index Farmacològic. Estas dos influencias determinaron para siempre mi forma de relacionarme con el uso de los medicamentos y de paso (“de retruc”) la forma de relacionarme con los laboratorios farmacéuticos. De forma casi inevitable acabé realizando mi tesis doctoral sobre la Publicación de Casos de Reacciones Adversos a Medicamentos en las revistas científicas.

He colaborado, y aún colaboro, con diferentes grupos de investigación en el uso de medicamentos, especialmente con un grupo de Mallorca sobre deprescripción de medicamentos, fundamentalmente benzodiacepinas, y a través de nuestro grupo de Uso de Fármacos de la SEMFYC he participado en estudios sobre la evolución de la polimedicación en España mediante la explotación de la base de datos BIFAP. 

En 2004 creé el Grupo del Medicament de la SOVAMFIC (Sociedad Valenciana de Medicina de Familia), que, pese a haber sufrido altibajos, aún sigue en actividad, el cual pretende ser una fuente de información fiable sobre medicamentos para los médicos de familia y un referente sobre la necesidad y factibilidad de relacionarse con la industria de otra forma, sin dinero ni favores de por medio. Sigo, de momento, formando parte del Grupo Uso de Fármacos de la semFYC.

He formado parte de diversas comisiones departamentales y autonómicas sobre uso de medicamentos y he velado por mantener mi zona de salud y a mis residentes lo más alejados posible de la influencia interesada de la industria farmacéutica, al menos desde una perspectiva institucional. Esta trayectoria me ha llevado a un esfuerzo continuo por mantener el necesario equilibrio entre mis principios (en muchas ocasiones simplemente cumplir la normativa vigente) y un aceptable ambiente de compañerismo en el equipo, que no siempre ha sido fácil.

En los últimos años, y mediante alianzas con la psiquiatría, refiné mis técnicas de entrevista, sobre todo en la atención al malestar emocional, sobre lo cual llegamos a publicar un Manual de Atención al Malestar Emocional dirigido a médicos de familia y a realizar cursos específicos para sanitarios. En cuanto a la gestión, durante mi juventud profesional fui coordinador en otra zona de salud también compleja, y no fue hasta recientemente que volví a serlo. La COVID me indujo a salir de mi zona de confort (fundamentada en la asistencia, la docencia y la investigación) y decidí ofrecerme de nuevo para intentar mejorar la “microgestión” de la APS, lo cual me llevó a aceptar la coordinación de mi zona de salud, de 70.000 habitantes, con gran dispersión y desigualdad socioeconómica, y atendida por siete consultorios distintos.

Los tres últimos años de trabajo he compaginado la asistencia a un mini-cupo de mis pacientes de toda la vida con la gestión. Era el momento de intentar poner en práctica todo aquello sobre lo que había estado “pontificando desde la barrera”, era el momento de embarrarse, y, a ser posible, de salir airoso. Siempre he pensado que tenemos que imaginar una realidad mejor que la que tenemos para poder algún día poder habitarla, siguiendo la teoría del cazador y el jardinero de Zygmunt Bauman. 

He intentado periódicamente realizar ejercicios de metaconciencia, y tratar de verme trabajando desde fuera, juzgarme a mi mismo como si no fuera yo, a fin de mantener el equilibrio entre las actividades que desarrollo en el día a día, con el objetivo de llegar a lo realmente importante -tanto para la medicina como sobre todo para los pacientes-, y que ninguna de las ramas del árbol se hipertrofie en exceso y desequilibre el conjunto de mi trabajo.

El estoicismo, ciertas dosis de mente plena, Iona Heath, John Berger e Ivan Illich han sido decisivos para mi vida y mi trabajo en las últimas décadas de mi vida.

Eva García Camacho (ponente)

Soy Eva García Camacho, nací en Madrid en 1987, pero vivo en Toledo desde 1996. Desde que tengo uso de razón siempre he sabido que quería ser médica. Todo empezó cuando tenía seis años y en el colegio dieron una charla de Médicos Sin Fronteras. No sabría decir qué contaron exactamente, pero me impactó tanto que, desde ese momento, no he cambiado de opinión.

De mis intenciones solo he incumplido lo de las fronteras porque salvo un Erasmus en Italia y una estancia en un hospital de Ghana, decidí volver a casa a hacer la residencia de cardiología en el Complejo Hospitalario Universitario de Toledo, donde ahora tengo mi plaza.

Desde el 2017 coordino la unidad de Cardiooncología, una subespecialidad de nueva aparición que no recibe ningún tipo de financiación por la industria farmacéutica. 

Feminista convencida desde la más tierna infancia, siempre fui muy curiosa y activa. Me encantan los retos, cuanto más complejos y trabajo tenga que invertir en ellos más me apasionan. No me rindo, las dificultades me motivan.  En este impulso de cambio, hace cuatro años inicié mi andadura en el Colegio Oficial de Médicos de Toledo como vocal de Médicos Jóvenes; gracias a esa experiencia he conocido otra manera de abordar la medicina. Esta vivencia me ha permitido convertirme en la nueva Secretaria General del COM Toledo donde cuento con el mejor equipo, y con compromiso, conciencia y confianza seguiremos trabajando por nuestros colegiados.

Además, me he convertido en vicepresidenta de la Sociedad Castellano-Manchega de Cardiología, desde donde tengo como objetivo ser la nota disonante de mi especialidad aportando una vivencia diferente. 

Llegué al SIAP de la mano de mi compañero y gran amigo, Raúl Calvo, quién ha sabido trasmitirme la pasión por la medicina de familia y por una manera diferente de hacer las cosas, mostrándome que la alternativa solo es complicada, no una utopía.

En lo personal, mi mayor virtud son mis dos hijas. Además, soy una apasionada lectora. Siento debilidad por los clásicos, los best seller me producen rechazo, y nunca falta un libro de rescate en mi bolso para los momentos de espera. 

Mi sueño, poder vivir en la montaña en una casa con huerto y gallinas, ¡veremos en qué queda ese proyecto!

Fernando Lamata Cotanda (ponente)

“Soy un hombre afortunado / ¿qué mas podría pedir? / Pediré que, hasta que yo muera, / Pepa por siempre me ame / y que al cielo me reclame / cuando ella se mude allí”. Lo escribí hace 25 años y sigue vigente.

Sí, soy afortunado por haber vivido. Por haber conocido a Pepa, con la que he compartido mi vida durante 50 años. Por Lucas y Ana, nuestros dos hijos, que tanto cariño nos han dado, con quienes hemos sufrido y que tanto nos han enseñado. Por la familia y los amigos. Por haber podido trabajar y vivir en un país en paz.

Con 71 años cumplidos estoy ya en tiempo de descuento (un ictus por disección de carótida hace 15 años, una hemorragia digestiva severa, un par de cánceres bien llevados…). Siempre digo que yo ya podría morir. No es que quiera morirme, no. Disfruto cada día de la vida como un regalo. Pero no me aferro. Sé que estoy de paso. Al menos de cuatro procesos patológicos relativamente graves he salido adelante gracias a la sanidad pública. Y esas experiencias han reafirmado mi convicción sobre la bondad de un buen sistema sanitario, de calidad y para todas y todos. Sin esa atención ya estaría muerto.

Nací en Madrid, estudié medicina en Valencia, hice la especialidad de psiquiatría en Santander, y trabajé casi toda mi vida profesional en la gestión y administración sanitaria en Cantabria, Madrid, Castilla-La Mancha…

Tuve el privilegio de colaborar con Ernest Lluch, Pedro Sabando, Manuel Oñorbe, Teresa Suárez, Matilde Valentín, Juanjo Sendín, Soledad Cabezón, y con tantos otros compañeros en el impulso de la Ley General de Sanidad, en el desarrollo de la Atención Primaria, y, muy especialmente, en el proceso de reforma psiquiátrica.

Parte de mis experiencias de gestión y muchas reflexiones y propuestas están en algunos libros escritos en colaboración con numerosas amigas y amigos: Manual de Administración y Gestión Sanitaria; Crisis (esta crisis), y Salud (nuestra salud); Medicamento: ¿derecho humano o negocio?; Pasado, presente y desafíos de futuro del Sistema Nacional de Salud… También he dejado mis opiniones reflejadas en charlas y documentos, en otros libros no sanitarios, como las novelas Honderos, y La Tumba de Semenejkara, y en varios libros de poesía.

Ya jubilado colaboro con la Confederación Salud Mental España, con FUTUCAM y LIBER, y con la Asociación por un Acceso Justo al Medicamento.

Siempre me ha gustado cocinar, pasear y meditar y ahora tengo más tiempo para las tres cosas. Desde la COVID mantengo con mis otros cuatro hermanos una videoconferencia todos los sábados, en la que nos ponemos al día de la familia y hacemos crítica política y reflexiones filosóficas (después de hacer repaso de las revisiones médicas). Nuestros hijos han hecho su vida y parecen felices. Nos vemos siempre que podemos y hablamos con frecuencia por teléfono. Su alegría es nuestra alegría. La vida sigue.

Gorka Maiz (ponente)

Nací en Bilbao hace 42 años, hijo de maestra y de pediatra de Atención Primaria. Nieto de albañil que con su maleta de cartón llegó a Bilbao en la posguerra a buscarse la vida, y acabó quedándose hasta el fin de esta. Ellos me transmitieron creo, además de la pasión por enseñar, educar y cuidar, el compromiso y el valor de la lucha por aquello en lo que uno cree y por la justicia social.

Estudié Medicina en la Universidad del País Vasco. En el verano de 4º, pasé 4 meses en Cochabamba (Bolivia) con otros compañeros. Íbamos con idea de unirnos a algún proyecto de cooperación de tipo sanitario, pero tras visitar algunas comunidades, acabamos viendo otras necesidades que no estaban cubiertas y nos decidimos a poner en marcha otro proyecto nosotros mismos. Tan bien fue aquello que al verano siguiente en vez de ir 4, fuimos 5 meses y que a ese le sucedieron otras estancias y otros viajes por otras regiones latinoamericanas, siempre integrados en la comunidad y participando de sus luchas. Obviamente todas aquellas experiencias me marcaron y me comprometieron aún más con la justicia social y en lo profesional con la parte también más social y comunitaria de la medicina.

Como no podía ser de otra manera acabé especializándome en Medicina de Familia, en el Centro de salud de Otxarkoaga, Bilbao. Tras años de precariedad y paro, desde hace 7 trabajo en el Centro de Salud de Miribilla-La Merced, de Bilbao la Vieja, otro barrio muy marcado por la inmigración, la pobreza y los determinantes sociales en general.

Soy padre de un niño de 8 años y dos niñas de 6 y 2. Desde el nacimiento del primero (Ibai) me acogí a una reducción de Jornada y con el de la segunda (Nora) a una excedencia que mantuve 2 años. Ahora de nuevo compatibilizo lo profesional y la crianza apoyándome en una reducción de jornada.

Formo parte de la Junta Directiva de Osatzen desde hace 13 años, y desde hace 5 tengo el honor de presidir dicha Junta. Un equipo con mayúsculas con algunas de las mejores personas que he tenido el placer de conocer. En los años previos, en representación precisamente de Osatzen, he formado parte del Foro Vasco por la Salud, plataforma en defensa de la sanidad pública en Euskadi, desempeñando la tarea de Coordinador. Milito también activamente en la defensa de la escuela pública y el sistema educativo público en general.

He participado previamente en algunos SIAP como el de Bilbao y sus “Consultas sagradas”, el de Madrid de 2020 de “Pobreza y salud” o el de Zaragoza de 2021 sobre COVID-19. Menos de los que me gustaría, sin duda.

Me gusta mucho viajar, leer, la música, el cine o el deporte. También la naturaleza y los animales. No soporto las injusticias y los abusos de poder y tengo facilidad para ilusionarme, emocionarme y comprometerme con casi todo. Me cuesta decir que no, y este SIAP es un nuevo ejemplo. Será un honor y un orgullo participar de esta forma y espero aportar en la medida de mis posibilidades al debate y la reflexión

Joan Ramon Laporte (ponente)

Me llamo Joan Ramon Laporte. Tengo 76 años, soy médico farmacólogo clínico. Me doctoré en 1974, con la primera tesis de Medicina escrita en catalán y obtuve el Premio Extraordinario de Doctorado. Fui catedrático de terapéutica y farmacología clínica en la Universidad Autónoma de Barcelona y jefe de servicio del hospital universitario Vall d’Hebron en Barcelona.

En 1983 fundé el Institut Català de Farmacologia (ICF), que dirigí hasta 2016, en el que recibieron formación centenares de profesionales de todo el mundo. Durante este período el ICF produjo más de 1.500 trabajos científicos sobre estudios de utilización de medicamentos, ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y metanálisis, estudios observacionales (sobre hemorragia digestiva, insuficiencia renal crónica, malformaciones congénitas, enfermedades hemáticas, hepatopatía y otras patologías) y farmacovigilancia.

En 1982 inicié un sistema de notificación de sospechas de efectos adversos de medicamentos que en los años ochenta se convirtió en el Sistema Español de Farmacovigilancia, el cual fue coordinado por el ICF hasta 1992. Fui fundador del grupo de estudios de utilización de medicamentos EURO DURG y de su hermana en América Latina (DURG LA), de las sociedades española y europea de farmacología clínica, la Sociedad Internacional de Boletines Independientes sobre Medicamentos (ISDB) y la red ENCePP de centros europeos de farmacoepidemiología y farmacovigilancia coordinada por la EMA. He colaborado con el Departamento de Salud de la Generalitat, el Ministerio de Sanidad, la AEMPS, la EMA, OMS y ONU.

Durante mi presidencia en 2003, el Comité de Expertos sobre Medicamentos Esenciales de la OMS incorporó los antirretrovirales y los fármacos para la interrupción farmacológica del embarazo en la lista de medicamentos esenciales de la OMS. He sido asesor de la OMS, UNICEF ministerios de salud y otras instituciones en 40 países, notablemente en Brasil (1983-89), República Argentina (1984-2018), Mozambique (1986-91), Nicaragua (1984-89), India (1987), Argelia (1990) y Cuba (1993-99), y asesor externo de la EMA y la AEMPS. En 1983 fundé y dirigí hasta 2018 el Butlletí Groc, independiente de las compañías farmacéuticas y las administraciones públicas.

He sido autor o editor de 27 libros sobre farmacología y terapéutica, entre ellos la Guía Terapéutica para la atención primaria (adaptación del Índex Farmacològic catalán de 1980), Principios de epidemiología del medicamento, Principios de investigación clínica y Crónica de una sociedad intoxicada. He publicado 448 artículos científicos incluidos en el Science Citation Index.

Soy miembro del Institut d’Estudis Catalans, la academia de la lengua y la ciencia de Cataluña. Formo parte del comité científico sobre farmacoepidemiología de la autoridad sanitaria y la agencia de medicamentos en Francia.

Juan José Rodríguez Sendín (ponente y organizador)

Nací en Vitigudino un pueblo de Salamanca. Soy el mayor de 4 hermanos. Mi padre era albañil y mi madre ama de casa.  Cuando tenia 9 años y vivíamos en Villarino de los Aires (Salamanca)  sufrí un dolor abdominal, que duro muchas horas, y que el médico del pueblo relaciono con haber comida demasiadas ciruelas. Como aquello no pasaba, mi madre decidió que no podía ser solo de las ciruelas y tomamos un taxi para dirigirnos a Vitigudino donde teníamos iguala con el medico del pueblo: don Jose Luis del Álamo Lorenzo, que había sido siempre el medico de mis padres y abuelos. Don Jose Luis me exploro, escucho a mi madre y me saco sangre. luego me entere que tenia un pequeño laboratorio muy básico y entre otras cosas un microscopio donde hacia recuentos de hematíes y leucocitos. Me diagnostico Apendicitis aguda por lo cual debería ser intervenido en Salamanca. Mis padres no tenían seguro; la intervención costaba una cantidad de dinero que mis padres no tenían. Otra opción era intentar enfriar la inflamación, pero D. Jose Luis le dijo a mis padres que tenia mucho riesgo. Con ayuda de mis padrinos y el dinero que tenían ahorrado (por si acaso”), mis padres pagaron la intervención y hospitalización en el Hospital de la Santísima Trinidad de Salamnaca. Por eso estoy aquí. Poco tiempo después un niño que había ido conmigo a escuela moría de “cólico miserere”. Sus padres eran pobres. 

Hice medicina y medicina rural en recuerdo y movido por la figura de D. Jose Luis que después fue mi profesor en el Instituto Libre adoptado de mi pueblo y con el cual aprobé mi bachillerato. Está claro porque entre otras muchas cosas la defensa del Sistema Nacional de Salud es un valor fundamental que tengo que defender.

Estudié el bachillerato hasta 5º curso en un colegio libre adoptado en mi pueblo donde 4 profesores titulados de lengua, matemáticas física y química y francés ayudados por los dos curas y el médico del pueblo nos enseñaban y preparaban para examinarnos al final por los profesores que venían del instituto Fray Luis de León de Salamanca. En un día nos examinábamos de todo. Sexto curso y preuniversitario tuve que continuar en Salamanca. En el verano tras aprobar los consiguientes cursos ayudaba a mi padre o a mis tíos en las tareas del campo. Era lo normal y para mi hasta cierto punto divertido salvo encalcar la paja en el pajar que lo odiaba. En el invierno eran esperados los días de matanza del cerdo que era una verdadera fiesta. 

Mis notas y disposición para las ciencias, muy condicionado por el deseo de mi padre y con una beca, me condujeron a estudiar el selectivo de técnicas para luego dirigirme a estudiar Ingeniería de Caminos en Santander. Ese curso que comencé con 18 años fue a la vez doloroso y determinante en mi vida. Supuso un punto de inflexión; por un lado mi padre sufrió un gran quebranto económico, sufrí una crisis existencial seria y el algebra y el cálculo infinitesimal no me ayudaban mucho a salir del agujero. Todo ello y la necesidad de trabajar par ayudar a mi familia me obligaron a replantearme mis estudios.

No podía irme a Santander. Entre filosofía pura que me encantaba y medicina, ayudado por mi abuela que me decía “hijo como vas a comer con eso de la filosofía..”. Recordadndo el ejemplo de humanidad y buen hacer del medico de mi familia, D. Jose Luis del Álamo  decidí estudiar medicina que al fin y al cabo se movía entre la ciencia y lo mas humano de lo humano.  Me ganaba la vida con suficiencia dando clases de apoyo todo el curso de matemáticas y física y química a diferentes grupos de alumnos. En el verano trabaje un año en Suiza (donde estuve a punto de quedarme) y otro año en Francia. Por aquel entonces, esos dos meses trabajando fuera de España, me permitían pagarme matricula y vivir la mitad del curso.

Cuando terminé la carrera tenia que ir a la mili, pero por la mala experiencia que contaban de ella de los amigos, junto con la necesidad de trabajar decidí que no la hacia. Y no la hice. Con mi novia anticipamos la boda para tener un niño pronto y aprovechar para librarme de la mili. Mientras tenia que pedir prorrogas, para lo cual me matriculé de psicología a distancia Pero aquello de embarazar no era tan fácil, el embarazo no llegaba. Un amigo traumatólogo me explico cómo podía librarme de la mili porque el niño no llegaba. Pero eso no lo puedo contar. Hace poco tiempo un general me preguntaba si lo de no cumplir con la patria era por razones ideológicas. Ya le informé que en absoluto, que tenia que cumplir con mi familia y además no perder el tiempo.

En mi primer pueblo interino, Alcabón (Toledo) en 1978) , el segundo fue Madridejos hasta 1981 y luego 10 meses en Herreruela de Oropesa mientras esperaba tras oposiciones de APD el destino definitivo en Noblejas (1982) hasta mi jubilación 2021. En Herreruela de Oropesa aprendí a coleccionar mariposas. Por cierto tarea desconocida que habitualmente confunde a la gente que no conoce todo aquello que rodea a la entomología y su extraordinario atractivo. 

He tenido una gran suerte y mis experiencias vitales condicionas por el ejercicio de la profesión han sido extraordinarias. Debo decir que si volviera a nacer volvería a estudiar medicina, haría medicina de familia y volvería a trabajar en el medio rural.

Juan Gérvas (organizador)

Médico y hombre feliz (con camisa y sin ser del todo idiota). Casado con Mercedes Pérez-Fernández, cuatro hijos, ocho nietos. Hasta 2020, en que la pandemia covid19 interrumpió grandes y pequeñas rutinas, viajamos con los nietos todos los veranos a lugares varipintos (por ejemplo, en 2016 a Islandia, en 2017 a Castilla y León, en 2018 a Estocolmo, en 2019 a Rusia), sin sus padres. En 2022 reanudamos la rutina haciendo juntos parte del Camino de Santiago (de León a Ocebreiro, ya aceptando la participación de los padres) y, con la misma “apertura” a padres, en 2023 a Andalucía (Granada y Córdoba), en 2024 a Castilla-León (Salamanca y Segovia) y en 2015 el Bajo Aragón (Albarracín y Teruel).

Optimista nato, crítico duro, positivo en lo práctico diario. Empezó medicina en Valladolid (España) con 16 años, y acabó a los 22, con un hijo y esperando otro. Durante la carrera, alumno interno de Medicina Interna, y becario de IBM para el desarrollo de la historia clínica electrónica (en 1969 ya decían: “En diez años, la historia resolverá los problemas de coordinación”).

Primeros años profesionales dedicados a la docencia (anatomía)y a la tesis doctoral en Valladolid (facultad de medicina) y la investigación en laboratorio (neurología, modelos experimentales de enfermedad de Parkinson y de su tratamiento, sobre la catecol-orto-metil-transferasa) en Madrid (facultad de medicina de la Autónoma y hospital Ramón y Cajal).

Búsqueda de «vida» como médico de cabecera (médico general) en la atención primaria a la que ha dedicado el resto de su vida.

Escritor de lo que vive y siente, entusiasmado con lo que hace. Exigente con los demás pero más exigente consigo mismo.

Primeras casi tres décadas de trabajo como médico general en Madrid capital (en la intersección de la riqueza y la pobreza, de los “doctores en” y de los analfabetos, entre la glorieta de Cuatro Caminos y la calle Orense), la última década profesional de médico rural en la sierra de Madrid, atendiendo población del valle del río Lozoya, en el entorno del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (pueblos de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y El Cuadrón). Practicante de una medicina con límites, científica y humana (armónica).

Profesor siempre en la universidad española, en torno a la salud pública y a la atención primaria, a tiempo parcial, también en Estados Unidos (Escuela de Salud Pública de la Johns Hopkins, de 1991 a 2013), en la Escuela Nacional de Sanidad (Salud Internacional) y en la Universidad Autónoma de Madrid (todavía profesor honorario de Salud Pública). Pese a su carácter “fuera del rebaño” se encuentra entre el 2% de los científicos más citados del mundo, de todas las ramas de la ciencia (como Equipo CESCA).

Jubilado en 2010 de la clínica, activo en docencia y en la Red. En enero de 2022 tuvo neumonía grave por covid19, que superó tras ingreso en UCI y demás proceso habitual, y que le surtió de un cuaderno lleno de notas de campo sobre su atención, la vida y la profesión, que transformó en publicaciones varias.

Le gusta la poesía, y el cine en versión original, andar por el campo, nadar en el mar (desnudo), saltar al agua desde acantilados altos y conducir (hubiera sido camionero si no fuera médico). Se defiende en español e inglés, convive con el catalán, el francés, el italiano y el portugués y llegó a saber ruso.

Ha publicado con Mercedes Pérez-Fernández tres libros en Libros del Lince (Barcelona): «Sano y salvo, y libre de intervenciones médicas innecesarias», «La expropiación de la salud» y «El encarnizamiento médico con las mujeres». Coordinó el libro del Equipo CESCA sobre «Registros en atención primaria» y con Josep Casajuana el de «Renovación de la atención primaria desde la consulta». Después, en 2021, con Mercedes Pérez-Fernández, una versión actualizada electrónica de “Sano y salvo”, en 2022, en Ediciones Fantasma, en papel, una nueva versión en 2022 de “El proceso médico que expropia la salud” y en 2023, con Editorial Mercurio “Reforma de la atención primaria a la europea y renacentista”.

Entre sus publicaciones científicas para estudiantes y residentes destacaría “Is clinical prevention better than cure?” y “Clinical care and health disparities”.

Luz Vázquez(ponente y organizadora)

Mi nombre es Luz de Myotanh Vázquez Canales. Todo el mundo pregunta por él por la particularidad de la segunda parte de mi apellido. Myotanh significa luz, me lo puso mi padre al nacer. Parece que el origen es arameo, la lengua que hablaba Jesús de Nazaret. Así que, mi nombre es Luz de Luz, que traducido en una ecuación matemática sería Luz 2 .

Nací en Callosa del Segura, ciudad natal de mi madre, y en la que viví durante los 3 primeros años de mi vida. Esta ciudad se encuentra bordeada por el río Segura, en la provincia de Alicante. Con los recién 3 años cumplidos nos traslados a vivir a Valencia a un pueblo llamado el Puig, famoso por su monasterio medieval donde siguen viviendo monjes pertenecientes a la Orden de la Merced. La razón del traslado fue el trabajo de mi padre, que era médico en el Hospital General de Valencia, en el servicio de neuropsiquiatría.

Mi infancia transcurrió rodeada de libros y música, aficiones que siguen vigentes dado que son dos hobbies con los que sigo disfrutando. Los libros por mi madre, lectora empedernida y la música por mi padre, melómano de siempre. Por mi cabeza siempre pasaron profesiones de lo más variopintas desde periodismo, ciencias del mar, biología, química… Pero lo cierto es que medicina siempre estaba. Recuerdo que entre mi maraña de posibilidades un día mi padre me sentó y me dijo “no seas tonta y hazte médica que es una profesión preciosa”. Me lo dijo alguien que 10 años después murió pasando consulta el día de antes de morir.

Así, en el año 2006 ingresé en la Universidad de Valencia. La carrera fue un trámite que no sirvió de nada más que para darme cuenta de que al acabar en el año 2012, necesitaba poner el contador a 0 y empezar a aprender el oficio. En la carrera no fui una estudiante brillante ni en el MIR saqué una nota excelente. He de decir que en el MIR no me esforcé, lo preparé en 3 meses, no quería hospital, tenía claro que quería trabajar con personas.

Así que, de las más de 30 especialidades, las opciones se reducían a Psiquiatría y Medicina de Familia. Lo cierto es que ninguna de ellas requería una gran nota, así que para qué invertir tiempo en un trámite, que al final solamente nos clasifica como números y no como personas. La especialidad tampoco fue un paseo en barca. La falta de pertenencia, por el exceso de contacto con el mundo hospital, y la soledad del residente por guardias y falta de visión con compañeras, no lo hicieron un proceso fácil. Pero, no fue todo tan malo, porque tuve la suerte de encontrar a mi tutora, mi Inma, que fue, es y será mi faro en muchas cosas que trascienden aspecto más allá de la medicina.

La semFYC fue un espacio donde encontré personas que me siguen acompañando y grupos en los que estoy activa Salud Mental, el Medicament y el grupo de dolor Tradop. El fin de la especialidad, fue una sensación de alivio y de vértigo a la vez. Suponía el fin de una etapa y el inicio de otra. No he tenido problemas laborales de falta, pero sí de calidad. Sobre todo he tenido muchos puestos en diferentes contextos, y pese a todo, creo que ha sido muy positivo el conocer tantas maneras diferentes de organización desde el mundo guardias hasta tener cupos de lo más rural a lo más urbano.

En el año 2020, me doctoré a 2 meses del inicio de la pandemia. Mi periodo de doctoranda lo disfruté como una niña y me enamoré de la investigación cualitativa. Mi directora fue mi tutora de la residencia y fue un periodo que nos unió mucho porque nos veíamos todos los miércoles por la tarde. A raíz de una amistad muy cercana con una profesora de la Universidad de McGill, me ofrecieron la posibilidad de hacer un postdoctorado. Así que, entre miles de personas solicité una beca. Creo que me cogieron por la carta de motivación en la que expliqué la falta de oportunidades que tenemos las médicas de familia y el contexto de la Atención Primaria para poder investigar.

Me la concedieron y a pesar de no ser una beca muy cuantiosa, me fui 6 meses a Montreal al departamento de Medicina de Familia de McGill. Fue dura la estancia por encontrarme en una sociedad con la que no me siento nada identificada. Mi carácter mediterráneo de compartir y socializar, nada tiene que ver con norteamerica, una auténtica sociedad del cansancio como escribe Byung Chul Han, al que leí estando allí. A los 4 meses entre nieve, frío y soledad, casi me deprimí.

Mi volver en abril del 2023, no fue nada fácil por el impacto de la vuelta. Volví con sensación de fracaso y darme cuenta de que lo más me gustaba en este mundo era pasar consulta. La investigación sin estar en el terreno te atrinchera en una torre de Babel alejada de lo que pasa en el día a día de la Atención Primaria.

Ahora [junio 2025], hace exactamente un mes que estoy en mi plaza de médica rural después de un proceso de oposición que se ha alargado más de 4 años. Estoy donde he elegido estar. Lo pequeño y lo cercano, es la forma de pasar consulta que más llena. Solamente me he sentido plena como médica trabajando en espacios así. Lo urbano, lo probé hace 2 años y fue la peor experiencia que he tenido como médica de familia. Ahora en mi sitio, hay mucho por hacer para mejorar la salud de mi población, Estivella, pueblo en la sierra Calderona de 1600 habitantes.

Entre tanta medicina, queda tiempo para hablar de lo personal. Vivo con mi pareja, David. Es músico de la Orquesta de Valencia y es cellista. Hay muchas cosas comunes en el oficio de la medicina y la música, creativo por excelencia y con mucho estudio por delante. La casa está siempre está llena de música y de músicos que vienen a tocar. Es una alegría y un auténtico placer.

Hace justo un año adoptamos a una perrita de agua llamada Lupe. De repente, los días tranquilos de casa se han convertido en días de juego y cuidados hacia una mascota que nos ha dado vida. Práctico yoga desde hace muchos años, salgo a correr, ahora me he aficionado a hacer entrenamiento funcional… El deporte canaliza toda esta energía, que muchos ya sabéis que tengo.

Y finalmente, qué hay de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria (SIAP). La primera vez que participé fue en el de Murcia del año 2015 si no recuerdo mal. Fue increíble lo que viví allí. Me cambió mi forma de ver la Medicina de Familia. Desde entonces, he intentado colaborar en la medida en la que he podido y asistir a tantos como la vida me ha permitido. Simplemente, son una forma única de aprender aspectos que no se abordan.

Mercedes Pérez-Fernández (organizadora)

Licenciada en Medicina por la Universidad de Valladolid (España) y especialista en Medicina Interna, dejó la comodidad del hospital por la posibilidad de ser al tiempo madre y médica de cabecera de 2.000 pacientes. Con cinco hombres en casa se hizo feminista de armas tomar.

Sus pacientes salían con frecuencia en las noticias, en la sección de sucesos, pues dedicó casi tres décadas (70, 80 y 90 del siglo XX) al bronco San Blas, del Madrid del tiempo de antes, durante y después de “la Movida”, cuando la heroína mataba tanto como el SIDA.

Tras un tiempo en un asilo (como médico) ocupó plaza de médica de pueblo ya sin hijos en casa, en la primera década del siglo XXI, en la Sierra Norte de Madrid (centro de salud de Buitrago de Lozoya, médico de Braojos, Gandullas, Gascones, La Serna y Piñuecar)

Entre las experiencias vitales, el viaje de tres meses de 2011 recorriendo la piel y las venas abiertas de Brasil (25.000 km, 32 ciudades, 19 estados, 70 centros de salud), zonas de bajo Índice de Desarrollo Humano, para evaluar la atención primaria con la Sociedad Brasileña de Medicina Familiar y Comunitaria.

De siempre le gustó la ética médica y le ha dedicado horas de teoría y práctica. También le gusta pintar al óleo y hacer iconos al estilo antiguo. Se le da muy bien el punto y lucen piezas hechas a mano su esposo (Juan Gérvas), cuatro hijos y ocho nietos (y algunos amigos). Todavía, a veces juega con Honorata, la muñeca que viste y calza como si fuera la hija que nunca tuvo, que le regaló su entonces novio y actual marido. Baila muy bien, es alegre y animosa, buena compañera de viajes y del viaje de la vida. Lee ficción, aprecia el buen vino, disfruta de las calas del Cabo de Gata (Almería, España), del nadar en el mar Mediterráneo, de la piragua en los embalses del río Lozoya (Madrid, España) y no le importa pasar el rato distraída “pensando en las musarañas”.

No aguanta ni la injusticia, ni la corrupción, ni a los abusones, ni a los estúpidos, ni a los chulos, ni las tonterías innecesarias.

En 2015 tuvo un grave infarto de miocardio del que se recuperó, más animada y más crítica con la medicina que nunca. Le repitió en 2023 y en 2024 y ha supervivido al daño (y a los errores médicos).

Ha publicado con Juan Gérvas tres libros: «Sano y salvo, y libre de intervenciones médicas innecesarias», «La expropiación de la salud» y «El encarnizamiento médico con las mujeres». Después, en 2021, una versión actualizada electrónica de “Sano y salvo”, en 2022, en Ediciones Fantasma, una nueva versión en papel de “El proceso médico que expropia la salud” y en 2023, con Editorial Mercurio “Reforma de la atención primaria a la europea y renacentista”.

Entre todas sus publicaciones científicas elegiría para docencia de estudiantes y residentes: “El efecto cascada: implicaciones clínicas, epidemiológicas y éticas” y “Aventuras y desventuras de los navegantes solitarios en el Mar de la Incertidumbre”.

Raúl Calvo Rico (organizador)

Soy médico de cabecera de dos pequeños pueblos de la provincia de Toledo desde hace ya casi 20 años. Anduve por el lado oscuro de la relación con la industria porque durante años era “lo normal”, no había ningún tipo de espíritu crítico a mi alrededor ni yo tenía las inquietudes necesarias para buscarlo. Como decía ese muchachito griego, cuando uno se acostumbra a vivir en la caverna, no parece estar tan mal, sobre todo si los sillones son cómodos. Pero, amigas, cuando alguien mete una antorcha entonces de repente ves las caderas atándote al sillón y éste te empieza a parecer una cama de clavos de fakir.

Los SIAP, Juan y Mercedes fueron mis antorchas humanas y desde entonces, además de estarles eternamente agradecido por enseñarme lo que es ser libre e independiente, me sentí en la obligación de alumbrar yo mismo siempre que pudiera.

Sofía Blanco Lucas(ponente)

Desde muy pequeña entendi el valor de la educación como una herramienta transformadora. En mi familia la docencia siempre estuvo presente: mi abuela soñaba con ser profesora, mis tíos lo son, y mi madre se pagaba sus estudios dando clases en inglés. Yo misma crecí con la ilusión de enseñar, y durante años he sido profesora particular, entre otros trabajos para poder pagarme los estudios. Esa experiencia me marcó: descubrí que enseñar también es aprender, y que la educación es siempre un proceso recíproco.

Al entrar en Medicina tuve claro que mi compromiso con las personas no se limitaba a la asistencia sanitaria, sino también a cómo nos formamos como futuros profesionales. Fue ese convencimiento el que me llevó, hace apenas año y medio, a dar mi primer gran paso en representación estudiantil: presentarme a la Comisión de Educación Médica del CEEM. Aquella candidatura fue mi primer salto a la esfera nacional y, aunque llegué con nervios y sin mucha experiencia, lo hice con ilusión, con la certeza de que ése era mi sitio. Fue, en realidad, mi manera de empezar a transformar la vocación por la docencia en compromiso con la educación médica.

Desde entonces mi trayectoria se ha ido consolidando. Primero como subdelegada en mi centro, luego como Vocal de Educación Médica, hasta finalmente presentarme -y ser elegida- como Vicepresidenta de Política Social y Formación del CEEM. Esa victoria personal, que viví hace apenas unos meses, fue la confirmación de que la representación estudiantil había dejado de ser solo un reto personal para convertirse en un proyecto colectivo.

En este tiempo he aprendido que la representación no se trata sólo de ocupar cargos, sino de escuchar, construir equipos y dar voz a las inquietudes del estudiantado. He vivido cambios, crisis, incluso «complots de película», y he entendido que precisamente en los momentos de más tensión se ponen a prueba el compromiso y la convicción de por qué estamos aquí.

Hoy miro atrás y veo un recorrido corto en tiempo, pero intenso en experiencias. Desde aquella primera candidatura cargada de nervios e ilusión hasta el momento actual, mi compromiso con la educación se ha ido afianzando, convirtiéndose en el motor que me empuja a seguir trabajando. Creo firmemente que la educación no solo nos forma como médicos, sino que también nos construye como personas.

Por eso, cada paso que he dado en este camino – desde ser profe particular hasta la vicepresidencia del CEEM – tiene un hilo conductor claro: la convicción de que la educación es la herramienta más poderosa para cambiar realidades y abrir oportunidades.